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Ministerio de Justicia

lunes 01 de octubre de 2018, 20:11h

Hay departamentos de la Administración cuyo nombre impresiona, como Ministerio de Justicia, nada menos. Un título clásico en el Gobierno de una nación: Ministro de Justicia. No suena a broma, como Ministerio de Transición Ecológica. No importa que no esté claro cuáles son sus competencias en un sistema democrático con división de poderes en el cual la Justicia la ejercen tribunales independientes del poder ejecutivo de acuerdo con las leyes que emanan del poder legislativo. Los altos tribunales, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional, etcétera y los órganos de Gobierno del Poder Judicial constituyen el aparato de la Justicia. El ministro de Justicia ejerce como Notario Mayor del Reino, dando fe pública de los actos de máximo rango del Estado y dirige un departamento de funciones burocráticas y de estudios de propuestas de codificación y con lo que intenta asesorar al poder legislativo si este quiere dejarse asesorar.

Diríase que, en la práctica, no es un ministerio importante y en alguna ocasión ha sido compartido por la misma persona que desempeñaba la cartera de Interior. Pero no debe estar tan claro cuando se ha formado el escándalo que conmociona la estabilidad del Gobierno con la exhibición pública de conversaciones y compañías de su actual titular, doña Dolores Delgado, puestos en circulación, según dicen, por exfuncionarios corruptos acusados de prácticas delictivas. El presidente del Gobierno ha insistido en manifestar que no acepta chantajes de nadie. Pero el caso es que nadie conoce en que consiste el chantaje con que se ha pretendido presionar al presidente Sánchez. Porque chantaje no significa sacar a relucir trapos sucios o “informaciones vaginales” sino amenazar con sacarlos si no se cumplen ciertas condiciones. ¿Qué condiciones le presentaron a Pedro Sánchez para que se apresurase a decir que no las aceptaba? ¿Qué se le pedía a cambio de no manchar la imagen de su ministra de Justicia? No da la impresión de un chantaje lo que solo parece el reventón de un furúnculo purulento en la carne del Estado cuyo pus ha salpicado a alguien por razón de cercanía. Salpicaduras que no han sido desmentidas, corregidas ni enmendadas por ninguno de los afectados. No es un ataque desalmado de la maldita oposición derechista como parece creer la “portavoza” Isabel Celaá, ya que la oposición no es culpable de la afición al chismorreo de una fiscal procaz ni de las “irregularidades fiscales” de un astronauta ya que nadie suponía que iban a derivar en ministros del doctor Sánchez.

El hecho es que llegaron a los medios informativos y se hicieron públicas grabaciones y contactos de doña Dolores Delgado. Como también parece cierto que algún oscuro excomisario sea quien envía “interceptaciones ilegales” a los periódicos. No el famoso excomisario encarcelado Villarejo que es otro personaje aparentemente perjudicado por la divulgación de sus trapacerías. Y lo que también es cierto es que el presidente Sánchez ha nombrado a una ministra de Justicia que deja huellas con las que es posible intentar chantajearlo. Una ministra parlanchina de expresiones inapropiadas y compadreos sospechosos. Una ministra que ha empalmado mentiras y silencios para intentar defenderse de dichos y relaciones difícilmente compatibles con su actual responsabilidad como símbolo jurídico de un Gobierno con pretensiones regeneracionistas. Una ministra, por añadidura de profesión fiscal, que ha osado insinuar el menoreo de otros compañeros de toga, sin acusación ni pruebas y que ha provocado la atención del Procurador General de Colombia por las “interceptaciones ilegales” a que fue sometida doña Dolores en Cartagena de Indias.

Estas anécdotas personales son de tal naturaleza que hacen impresentable la continuidad de esta señora como Ministra de Justicia encargada, cuando menos, de la relación del poder ejecutivo con el poder judicial. El presidente Sánchez puede no aceptar chantajes desconocidos de nadie pero lo que no parece que corresponda correctamente a sus atribuciones es imponer en el Ministerio de Justicia a esta señora que adelanta que no va a dimitir. No es un problema de la oposición sino del presidente del Gobierno. Este puede cesarla y nombrar otro titular más idóneo. También puede, si le parece excesivo tanto baile de ministros, hacer que su cartera sea asumida por otro miembro del Gobierno, como hizo otro presidente de Gobierno socialista no hace mucho tiempo. Encomendar las competencias a la Vicepresidencia o a Interior, por ejemplo. Lo que no parece correcto es que haga soportar al mundo jurídico y a los ciudadanos en general la imagen bochornosa de doña Dolores Delgado como símbolo oficial de la Justicia española y que siga actuando como Notaria Mayor del Reino para dar fe de la toma de posesión de un futuro presidente del Gobierno o del próximo ministro libre de polvo y paja.

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