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La cuestión no es de una agenda sino de su contenido

viernes 05 de octubre de 2018, 07:34h

Un matutino madrileño aconseja a la clase política constitucionalista que sea capaz de conformar una agenda única para enfrentar a los secesionistas y la Generalitat (El País, Cuestión de agenda, 4/10/18). Se supone que la sugerencia no está pensada únicamente como un artificio de imagen, como un golpe de teatro. Pero entonces la verdadera cuestión no reside en la forma sino en su contenido. Algo sobre lo que el editorial del periódico no avanza mucho. Quizás porque la coyuntura resulta condenadamente fluida, en medio de un escenario particularmente dividido en todas las bandas.

Respecto de quien ha reclamado todos los focos mediáticos en los últimos días, el señor Torra, existe una diferencia de opiniones notable. Para unos es simplemente un energúmeno que padece incontinencia verbal, mientras para otros, por debajo de sus exabruptos, hay una fina astucia de pueblerino que busca provocar patinazos de sus oponentes. Creo que ambas opiniones componen sendas verdades no excluyentes. Mi juicio es que nos encontramos ante un político bipolar, que es tanto un energúmeno sin contención, como un taimado provocador de doble vuelta. Y que el problema es que nunca se sabe cuándo basculará hacia un polo u otro. Probablemente tampoco él lo sabe siempre. Pero precisamente por eso hay que enfrentarlo con la cabeza fría, sin asistir a sus provocaciones.

En ese punto hay que concederle la razón al gobierno. Lamentablemente es el único. La estrategia del Gobierno Sánchez se equivoca o mete las de andar en todo lo demás. En realidad, podríamos estar ante un ejercicio de cinismo político nada edificante. En efecto, Sánchez y su entorno saben perfectamente que su insistencia en lograr un dialogo con la Generalitat de Torra no tienen destino alguno. Si lo prolonga es por razones de propio interés. Mientras ese postureo se mantenga, la permanencia de su Gobierno se proyecta en el tiempo. Ahora bien, la oposición del PP y Ciudadanos tiene el problema inverso: su petición de reponer el 155 favorece al independentismo a corto plazo, pero tal vez acierte en que no hay más alternativa a largo plazo.

Así las cosas, las diferencias entre el PSOE y el resto de los partidos constitucionalistas, PP y Ciudadanos principalmente, son demasiado consistentes para que sea posible establecer una agenda conjunta. Tendrían que ponerse de acuerdo en un camino tortuoso que requiere de mucho sentido de estado y mucho pulso político. Cosas que no les caracterizan.

Y mientras, la situación sociopolítica comienza a dar muestras de descomposición. Por ejemplo, la falta de reacción firme del Gobierno ante un Torra que incita a la violencia, está autonomizando a sectores amplios de las fuerzas de seguridad, que dan muestra preocupantes de tomar distancia del Ejecutivo para adoptar sus propias decisiones. Esas son palabras mayores, sobre todo en círculos militares, que podrían tener un reflejo al más alto nivel: estarían planteando otra intervención del Rey para marcar la cancha. Alguna gente se preguntará si es que estamos tan mal que debemos correr el riesgo de provocar ese desgaste de la Corona. Pues tal vez nos estemos acostumbrando demasiado a los desaires de la crisis, sin darnos cuenta de que determinadas acciones tienen sus consecuencias. Pero en ausencia de sentido de Estado de las fuerzas políticas, empeñadas todas en una lucha de poder cortoplacista, no quede otro remedio que esperar que opere la instancia que representa la salvaguardia de ese sentido de Estado: su jefatura.

Tal vez por eso el matutino madrileño no quería avanzar mucho en el examen de la verdadera cuestión de fondo: el contenido de la agenda. Porque ese camino lleva a una conclusión poco grata.

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