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Alquimia vs ciencia

lunes 23 de septiembre de 2019, 12:00h

Hay áreas de los mercados financieros que tienen como norma ser lugares de poca emoción. Una mesa de repos es un lugar relativamente tranquilo, o así debería de ser. El mercado de repos es como se conoce al negocio de préstamo interbancario a muy corto plazo a través del que se ajustan las necesidades líquidas de las entidades financieras, donde los que prestan y los que toman acuerdan intercambios de efectivo a muy corto plazo utilizando como garantía títulos de deuda de alta calificación, fundamentalmente bonos estatales. Las cifras son mil millonarias, pero el terreno de juego está ocupado por actores bien preparados, que intercambian dinero a un plazo corto y un precio conocido contra garantías de primer nivel. Son los encargados de que las tuberías por las que llega la liquidez al sistema estén abiertas y canalicen adecuadamente su distribución. Es un trabajo para buenos técnicos, más que para amantes de la emoción. Salvo que de pronto, las plataformas de intercambio pongan ante los actores una inusitada tensión en forma de intercambios a precios crecientes y desorbitados. Es lo que ocurrió la semana pasada en el mercado de repos norteamericano. No acontecía algo así desde la crisis financiera de 2008. Algo falló en el sistema que por alguna razón dejó de distribuir la liquidez de modo regular, y las operaciones que normalmente se venían cruzando a tipos estables en el rango del 2.0/2.5% se dispararon hasta el 10%. De pronto no había quién estuviese dispuesto a entregar su liquidez si no era a cambio de un incremento sustancial de su remuneración. Los bancos centrales tienen entre sus tareas vigilar que el nivel de reservas del sistema sea el suficiente para atender las necesidades que estima, pero los actores pueden cerrar las espitas de la fontanería financiera y los manómetros disparar su lectura de la presión. Algo falló, y alguien investigará sus causas, [pago de impuestos, de cupones, subida de los precios del petróleo…] pero por algún tiempo la vida va a ser algo más incómoda para los fontaneros del sistema. La Reserva Federal acudió con rapidez para suministrar liquidez adicional y la presión recuperó su nivel normal, pero el susto dejará huella.

Lo que un episodio así nos advierte es que incluso en un área tan sensible, con actores de tanto nivel y sin una causa aparente que pueda vincularse a alteraciones del riesgo de crédito, el sistema puede fallar. En el debate acerca de los límites y complejidad de la actual política monetaria, la experimentación de los ingenieros puede estar generando transformaciones en el modelo cuyos fallos no se manifiestan hasta que estallan en forma de crisis. Esta se ha podido aplacar con relativa facilidad y sin aparentes consecuencias, pero la pregunta, hasta ahora en el campo teórico, acerca de cómo se están alterando los circuitos del sistema para alimentar a una economía que a diferencia del pasado deja de funcionar en cuanto deja de ser estimulada, ya tiene un primer ejemplo de inesperada respuesta.

En el terreno teórico, y sin ejemplos manifiestos que lo ilustren, continúan las dudas sobre las implicaciones globales del conjunto de políticas aplicadas para hacer frente a la crisis, pero las evidencias a través del incremento de deuda, del castigo a los ahorradores a favor de los deudores y los llamados urgentes a la aplicación de políticas fiscales expansivas que están lanzando los banqueros centrales, auguran que en el futuro habremos de hacer frente a inesperados episodios no tan fáciles de aplacar. Es lo que pasa cuando la política económica tiene más de alquimia que de ciencia.

José Manuel Pazos

Consejero Delegado del Grupo Omega Financial Partners
www.omegafinancialpartners.com

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