
Ayer lunes, a partir del mediodía, los candidatos principales han ido como motos. Vamos, que se parecían a Dani Pedrosa u otro de los especialistas españoles en cabalgar en un ruido y llevarse un trofeo internacional. Los peperos ayer andaban en la cosa deportiva. Hasta el punto de que Mariano Rajoy recibió --o eso hizo ver-- un par de lecciones de judo para poder decir eso de “¡Prepárate, ZP!”. El público asistente, naturalmente, le jaleó de lo lindo, que para eso era la cosa. ¿O no?. Doble encuentro primero en el Metro madrileño --sin beso-- y luego en el polideportivo, entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón. La lideresa madrileña, dijo eso de que el deporte es una gran escuela de la vida, “te enseña a ganar con modestia y te enseña a perder reconociendo la grandeza del rival”. Gallardón, claro con clara de ataque agudo de hemorroides, sufriéndolas en silencio verbal, aunque su respuesta corporal era bien clara.
A Rajoy, dándose un baño de atletismo y de otras disciplinas deportivas, lo de hablar del esfuerzo de las competiciones y de la reciedumbre y constancia necesarias para ganar le venía como anillo al dedo. Esto del “más lejos, más alto, más fuerte” del barón Pierre de Coubertin, el lema olímpico por excelencia (y si no que se lo cuenten a Juan Antonio Samaranch, que, con esto del deporte, supo llegar más lejos, más alto y más fuerte que toda su generación de cuadros franquistas, que hasta en plena democracia fue presidente de La Caixa) es algo muy utilizado por los políticos, lo menos desde los tiempos de Píndaro, con sus odas --homófilas, lo siento, madame Botella, que los atletas estaban cachas, y en la Grecia clásica eran como más bien bisexuales-- a los triunfadores del estadio. El deporte --y no sólo el fútbol de sillón, cerveza y palomitas-- sirve de mucho en campaña electoral. Eso sí, nunca un político, en su programa, ha traído la promesa de que España iba a ganar la medalla de oro en la maratón olímpica. Pero el líder del PP, que últimamente anda con lo del bilingüismo a vueltas, perdió la ocasión de esculpir una frase lapidaria. “más deporte y menos catalán” (o gallego, o euskara, o bable). No sería original (en los últimos años 60 del pasado siglo, la dijo José Solís Ruiz, --más deporte y menos latín-- ministro secretario general del Movimiento), pero hubiese tenido su impacto.
Como impacto políglota ha tenido la última ocurrencia de José Luis Rodríguez Zapatero (¿lo sabía Pedro Solbes?). En diez años, puede que en menos, todos los jóvenes que accedan a la enseñanza en España (autonomías incluidas e, incluso, Ceuta y Melilla) van a ser bilingües en español y en inglés. Hasta el punto tal que el 15% (¿por qué no el 17,27%?) de las asignaturas se darán en la lengua de Shakespeare. Take of the flask!. ¡Toma del frasco!. El despegue de España en lo de la poliglotía, gane el PSOE --que como sí-- o el PP --que ya se verá-- está asegurado al menos para las generaciones venideras. En su presentación del programa de educación, ZP, rodeado de mastuerzos/as de barriada periférica madrileña, hasta ha prometido la contratación de 10.000 profesores de inglés. O sea, que de Navalcarnero a Hollywood en un pispás. “My taylor is rich!. Pues anda que mi banquero….
Una de dos, o los socialistas contraprograman a los populares, o es que contraprograman. O sea, lentejas. Si quieres las comes y si no te las tragas. Y eso que tanto Manuel Chaves, con su intención de que en Andalucía se enseñen el catalán, el euskara y el gallego, como hasta Esperanza Aguirre, que quiere abrir en la Comunidad de Madrid un colegio bilingüe n el que se enseñen catalán y castellano, ya han seguido la senda que n su día --hace tres semanas-- desbrozara Mariano Rajoy: english for everybody. Inglés para todos. Y, allá donde lo pidan, español, catalán, euskara, gallego, bable, albanés, quechua, aymará, urdu, tamazigh y árabe… Chavales deportivos --poco-- y políglotas, por descontado. Y analfabetos funcionales en tropocientos idiomas. Como ahora.