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Madrid vive sobresaltado este mes de marzo de 1808

Carlos IV abdica y llegan a Madrid 55.000 soldados franceses

martes 01 de abril de 2008, 18:47h
Actualizado: 14 de abril de 2008, 13:44h

El rey Carlos IV se ha visto obligado a abdicar el pasado 19 de marzo de 1808 en su hijo, que ha asumido la Corona con el nombre de Fernando VII. La abdicación se ha producido 48 horas después de que una muchedumbre asaltara en Aranjuez el palacio de Manuel Godoy y cuatro días antes de que llegaran a Madrid hasta 55.000 soldados franceses.

Madrid ha vivido sobresaltada la segunda quincena del mes de marzo. Primero han sido las noticias sobre el avance del ejército de Napoleón que el pasado 18 de octubre de 1807 entró en España en virtud del tratado de Fontainebleau, por el que España autorizaba al ejército francés el paso hacia Portugal. El objetivo de las tropas galas es, en teoría, apoderarse de ese país y dividirlo en dos estados: el reino de Lusitania, al norte, y el principado de los Algarves, al sur.

Carlos IVDe acuerdo con lo firmado, el reino de Lusitania ha de ser entregado a la infanta María Luisa, hija de Carlos IV, en compensación por la corona de Etruria -la Toscana italiana- de la que era regente y que le fue arrebatada por Napoleón. El principado de los Algarves, por su parte, se pondría a disposición de Manuel Godoy, valido de los reyes españoles, si bien con la condición de que nunca podrá unirse bajo un mismo gobierno con el reino de Etruria.

El acuerdo, según han informado a Madridiario fuentes próximas a la Corte, gustó mucho inicialmente al monarca, pues, en teoría, los franceses corrían con el esfuerzo de invadir el país vecino, pero iban a ser la infanta María Luisa y Manuel Godoy los beneficiados.

Las mismas fuentes aseguran que la Familia Real estaba tan convencida de la buena voluntad de Napoleón que incluso restó importancia a que las tropas francesas hubieran penetrado en España sin esperar la firma del tratado.

Sin embargo, el despliegue del ejército francés en estos últimos cinco meses ha terminado por sembrar dudas en la Corte, hasta el punto de que los monarcas se han dejado convencer por Godoy para trasladarse a Aranjuez ante una eventual necesidad de dirigirse a Sevilla donde, en caso necesario, embarcarían hacia América.

Un secretario del Ministerio de Gracia y Justicia, que prefiere mantener el anonimato, ha asegurado, no obstante, que el rey continuaba confiando en los términos del tratado, razón por la que el pasado día 16 dictó un bando  en el que afirmaba: "Sabed que el ejército de mi caro aliado el Emperador de los franceses atraviesa mi reino con ideas de paz y de amistad". Y continuó: "Españoles, tranquilizad vuestro espíritu. conducíos como hasta ahora con las tropas del aliado de vuestro Rey y veréis en breves días restablecerse la paz de vuestros corazones y a Mí gozando lo que el cielo me dispensa en el seno de vuestra familia y vuestro amor". 

Los vecinos de Aranjuez se amotinan
Las palabras del rey pasaron, sin embargo, bastante inadvertidas para los vecinos de Aranjuez, pues, según ha asegurado un portavoz del Consistorio ribereño, el mismo día 17, corrió por el Real Sitio el rumor de que los reyes partían hacia Andalucía.

Instigado por el Consejo de Castilla y  por la camarilla del príncipe Fernando, un  numeroso grupo de lugareños se lanzó a la calle y asaltó el palacio de Godoy quemando algunos enseres y muebles, previamente arrojados a la calle.

Un portavoz del Consejo de Su Majestad, consultado por este diario, ha confesado que, ante estos graves sucesos, el propio monarca expresó su desconcierto ante el movimiento popular y aceptó cesar a Godoy como almirante y generalísimo.

En un último intento de tranquilizar los ánimos, el Consejo de Su Majestad negó la marcha de los reyes y dictó un nuevo bando en el que se indicaba que la inminente llegada de las tropas francesas se desarrollaba "con toda la franqueza, amistad y buena fe que corresponde a la alianza que subsiste entre  el Rey Nuestro Señor y el Emperador de los franceses".

La lectura de este bando el día 19 no logró su objetivo pues, a primera hora, se propagaba por la población ribereña la noticia de que Godoy había sido encontrado escondido entre unas esteras dentro de su palacio. Trasladado hasta el Cuartel de Guardias de Corps, a punto estuvo de ser linchado. Fuentes próximas a Palacio aseguran que algunos consejeros del Príncipe de Asturias aprovecharon lo sucedido para, poco antes del mediodía, forzar la abdicación del rey en su hijo Fernando.

Entrada de los franceses
Cuantos creían que con este relevante hecho se iban a tranquilizar  las aguas se han equivocado. El día 23, por la puerta de Fuencarral, situada a la altura de la que en el futuro será llamada glorieta de San Bernardo, han comenzado a entrar en Madrid nada menos que 10.000 soldados franceses al mando del mariscal Joaquín Murat, que, además de gran duque de Berg y lugarteniente de Napoleón en España, es cuñado del Emperador. 

Madridiario ha podido saber que, de acuerdo a un plan preestablecido, la artillería de la Guardia Imperial se ha instalado en las proximidades del palacio del Retiro; la caballería de la Guardia, junto a los mamelucos -curioso nombre que le dan los franceses a los soldados egipcios-, los cazadores y lanceros se han acomodado en el edificio del Pósito, a la entrada del paseo de Recoletos; los fusileros de la Guardia han sido acuartelados en la calle de Alcalá; la Guardia Imperial de Marina ha ocupado el cuartel de Conde Duque, y el Regimiento de Infantería Provisional y el Batallón de Irlandeses se ha aposentado en San Bernardino.

A todos ellos se suman otros 20.000 soldados pertenecientes al Batallón Westfalia, acuartelado en El Pardo; al Batallón Prusiano, que reposa en la Fuente de la Reina; a los coraceros y la División de Caballería, que han ocupado el pueblo de Carabanchel y a la Brigada D`Aubray que ha instalado su campamento en la Casa de Campo.

Eso sin contar con varias compañías repartidas por Canillas, Canillejas, Getafe, Leganés, Villaverde, Chamartín de la Rosa, Fuencarral y Vallecas, que han tenido que ser repartidas ante la falta de espacio en la Villa. 

Un portavoz del ministerio de la Guerra ha asegurado que no acaba aquí el contingente francés, pues otros 25.000 soldados franceses han sido repartidos por Aranjuez, Toledo, El Escorial y los accesos a Guadarrama. En total 55.000 soldados, un contingente a todas luces excesivo  si se tiene en cuenta que la población de Madrid es de 175.000 personas.

La entrada de este ejército ha coincidido con la llegada a Madrid, el día 24, del nuevo monarca cuya entrada no ha tenido los fastos que un hecho de tal trascendencia merece. Paco Segura, un conocido aguador de la Villa, ha declarado, mientras llenaba odres en la fuente de la Cibeles, que ni en los días de ferias había visto Madrid tan lleno de visitantes. Ana Cardoso, manola de Lavapiés, explica, sin embargo, que en la Villa se respira una inquietud que no hace presagiar nada bueno.

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