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Penas móviles

Claro que no es que nos alineemos con las teorías de la conspiración, noi con el machaqueo de algunos colegas sobre el tema, pero la verdad es que parece escasamente presentable que un ciudadano pase de una petición fiscal de cuarenta mil años a una de diez años.

Es el caso de Rabi Osman, ‘El Egipcio’, uno de los principales acusados en el juicio del 11-m, que ahora ya no es considerado dirigente de banda terrorista, sino mero integrante. Al tiempo, se queja El Mundo, y con razón, de que la Fiscalía haya solicitado que no haya vista pública de los recursos del 11-m, sobre cuya sentencia siguen pesando serias reservas y apreciándose enormes lagunas. Insistimos, sin ánimo conspiratorio: ¿no se precipitaron las cosas en un afán de tener una sentencia cuanto antes en un caso que está lejos de haber quedado esclarecido?
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