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Quien exagera, pierde

Quien exagera, pierde

El atentado de Barajas sigue marcando la agenda política nacional. El presidente del Gobierno trata de recuperar la iniciativa política (a ese impulso obedece la entrevista con el Lehendakari) y la dirección del PP se bunqueriza tras el Pacto Antiterrorista firmado cuando el PSOE estaba en la oposición y era Aznar quien marcaba la política a seguir. Mientras Rajoy rechaza todo lo que no sea volver al discurso de Aznar, Zapatero trata de atraer al PNV en una operación que pretende compartir los riesgos políticos que entraña la nueva situación. Ibarreche bajó a Madrid a decir lo que dice todos los días en Vitoria: pese al atentado, hay que seguir con el diálogo; hay que volver a intentarlo.

Tal y como están las cosas, si Zapatero hiciera suyo ese discurso se arriesgaría a perder las elecciones. Lo sabe y por eso anda con pies de plomo apoyándose más que nunca en el lenguaje  anfibológico. Le ha encargado a Rubalcaba la contundencia que él no emplea pero sabe necesaria. Pero siempre deja una puerta entreabierta. Por ella entró Ibarreche el jueves en La Moncloa. Es un juego arriesgado porque, tras los asesinatos de Barajas, la opinión pública está muy sensibilizada con este asunto pero cuenta con una pequeña ventaja. Me refiero a los excesos verbales de Rajoy y Zaplana en los últimos días.

Sólo al que asó la manteca se le habría ocurrido calificar de "estalinismo parlamentario" la maniobra (torpe) de López Garrido que ha querido sindicar contra el PP a los partidos del Congreso. En política todo exceso se vuelve contra su autor. La exageración de los dirigentes del PP se ha convertido en el mejor aliado de un Zapatero que políticamente había entrado bastante en el año que acabamos de estrenar.
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