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Las buenas y las malas compañías

Las buenas y las malas compañías

En política, como en el resto de las actividades humanas, aparentemente no hay buenos y malos. Este criterio de dividir a la sociedad en dos hemisferios para que no se mezclen, es el que ha llevado a las naciones a las peores instancias históricas.

Pero -hay que decirlo derechamente- la dirigencia de la derecha política pareciera no querer aprender de sus propios errores. No vamos a tocar aquí su auto antropofagia, que en estos días va descartando uno a uno a sus propios candidatos para las elecciones municipales de octubre.

El tema de estos días es la reforma del sistema electoral. No vamos a aludir, tampoco, a las promesas del líder del sector, el empresario Sebastián Piñera, quien ha proclamado en forma reiterada que es partidario de acabar con las exclusiones y con el injusto sistema binominal. Pero pese a sus declaraciones, termina siempre respaldando a quienes creen que no hay que modificar el sistema. Es decir, a los que prefieren que todo siga como está.

Tras el anuncio de un acuerdo electoral entre la Concertación y el Partido Comunista, que injustamente sigue marginado del Parlamento, los líderes de los dos partidos derechistas se lanzaron en picada contra el Gobierno y la Concertación. ¿Y cuáles han sido sus argumentos? Es bueno revisarlos.

Hernán Larraín, presidente de la autodenominada Unión Democrática Independiente (UDI) anunció que tras las conversaciones con el Partido Comunista, la Concertación “está encontrando su verdadera identidad… Están llegando a los entendimientos que históricamente los han ligado”.

Argumentó Hernán Larraín que los partidos de la Concertación durante un tiempo “quisieron separarse (del PC) para blanquearse, pero al final la verdad se conoce”. Concluyó que “el país necesita saber… si ahora la Democracia Cristiana es aliada del Partido Comunista”. “Los chilenos tenemos que saber por quiénes votamos”, enfatizó Hernán Larraín.

Por su parte, Carlos Larraín, presidente del otro partido derechista, Renovación Nacional (RN), opinó que la Democracia Cristiana “ya no puede seguir haciéndose la inocente burlada, porque hemos sido notificados de que la Concertación se traslada aún más a la izquierda”.

Carlos Larraín agregó que “el electorado DC tiene que pensar si va a poder seguir en tan mala compañía política”.

Sería interesante preguntar por qué el mentado Partido Comunista es tan mala compañía. En la historia de Chile, los comunistas han estado siempre a favor de la democracia y no han participado nunca en un régimen dictatorial. Por el contrario, los comunistas han sido no sólo marginados, sino también acusados de todos los crímenes posibles, y se les ha encarcelado, torturado, exiliado, etc.

Por el contrario, la derecha política, la misma que integran la UDI y RN, ha sido y sigue siendo aliada de los partidarios de la dictadura de Pinochet. Dirigentes actuales de esos partidos fueron funcionarios políticos responsables de la dictadura y hasta hoy ni siquiera han reconocido su culpabilidad en los crímenes de la dictadura.

Cabe entonces preguntarse quién es buena o mala compañía. Los perseguidos y víctimas de la dictadura; o los responsables de las torturas, encarcelamientos y exilios.

La fórmula propuesta por el Gobierno para avanzar un pequeño paso en la siempre pendiente reforma del sistema electoral, que por ahora propone aumentar mínimamente los cupos parlamentarios, puede no ser todo lo buena que se busca, pero al menos avanza en la dirección correcta. Y esto hay que decirlo.

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Leonardo Cáceres
Periodista
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