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Una apolítica y brillante ceremonia inaugura los Juegos más politizados

viernes 08 de agosto de 2008, 07:46h
Actualizado: 10 de agosto de 2008, 18:16h
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Con la idea de olvidar la que China considera excesiva politización de los Juegos olímpicos, la ceremonia inaugural, ya comenzada, centra toda su brillantez y capacidad de expresión en lo esencialmente deportivo. Aunque sin olvidar otros aspectos típicos en estas celebraciones y que recogen la historia, la cultura, la tradición y muchas otras cosas del país organizador. El defile ya empezó y España saldrá en el puesto 75 con su abanderado David Cal.

Ya había manifestado con anterioridad, y pese al secretismo con el que se ha intentado esconder todo lo que se relaciona con esta ceremonia, la organización de la misma su idea de que el deporte asuma todo el protagonismo y que la ceremonia de apertura haga olvidar todas las polémicas -reiteradas denuncias de falta de democracia, ausencia de derechos humanos y la represión sobre el Tíbet, los ataques terroristas, el accidentado viaje de la antorcha olímpica- que han amenazado durante los últimos meses el mayor evento deportivo del mundo.

Para ello, han preparado un acto en el estadio nacional de Pekín -el 'Nido de pájaro', una de las joyas de estas Olimpiadas-, entre unas estrictas medidas de seguridad, en el que intervienen un total de 50.000 personas, con una durarción de  3 horas y media y que, como es lógico, evitará cualquier referencia política.

Pekín 2008 puede ser el mejor escaparate para que el régimen chino reivindique los logros de la revolución comunista y el Gobierno confía en que el presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, manifieste en la clausura que éstos han sido los mejores Juegos de la historia. En la capital china se darán cita más 11.000 atletas de 205 países, tres más que en Atenas y récord absoluto -con más representantes que las Naciones Unidas-, bajo el lema 'Un mundo, un sueño'.

El asistir o no a la ceremonia inaugural es para los líderes internacionales una cuestión controvertida, o diplomática, y para los chinos, de honor patrio. Mientras el presidente de EEUU, George W. Bush, decidió asistir afrontando una cierta oposición en casa, el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, para el que China es un gran comprador, no lo ha dudado en aras de promover la candidatura olímpica de su país, y al francés Nicolas Sarkozy le ha llovido una avalancha de críticas.

Sin embargo, diluido el amago de boicot, alrededor de 80 jefes de estado o máximas autoridades serán testigos en la ceremonia inaugural del mayor espectáculo del mundo, en el que China se abrirá definitivamente a la humanidad para demostrar que aspira a ser la mayor potencia del orbe.

Como es tradición, el secreto que los organizadores guardan con más celo es la identidad del último relevista de la antorcha, "un atleta chino seleccionado por sus logros olímpicos", y el encendido de la llama en el pebetero, "que será espectacular". La prensa china ha especulado también con que el encargado de encender el pebetero donde arderá la llama olímpica hasta la clausura podría ser uno de los numerosos niños que perdió a sus padres en el mortífero terremoto que golpeó la provincia de Sichuán el 12 de mayo, con un saldo de 70.000 muertos.

El himno y la entrada de la bandera china ha sido el punto de partida de la primera parte de la ceremonia, un espectáculo artístico de una hora en el que 15.000 actores y otros tantos estudiantes y militares compaginan la cultura milenaria del país con la China moderna.

Otro de los momentos estelares será la presentación de la canción oficial de los Juegos, interpretada por el chino Liu Huan, un ídolo pop en China que logró el hito de ser número uno durante diez semanas consecutivas en las listas de éxito, y la consagrada cantante británica Sarah Brightman.

La entrada de los países, según el alfabeto chino
A continuación la aparición de los verdaderos protagonistas, los atletas en el desfile por países que tendrá la particularidad de que el orden será de acuerdo con el alfabeto chino, aunque conservando la tradición de que Grecia, cuna del olimpismo, será el primero en la parada y el anfitrión China el último.

De la algarabía de los deportistas se pasará a la calma y solemnidad de los discursos del presidente del BOCOG, Liu Qi, y del presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge. Inmediatamente después, el presidente de China, Hu Jintao, declarará inaugurados los Juegos de la XXIX Olimpiada.

El izado de la bandera olímpica, el juramento de los atletas y árbitros y la suelta de palomas precederán al encendido del pebetero con el último recorrido de la antorcha.

El fin de fiesta será el espectacular castillo de fuegos artificiales, "una fiesta visual y auditiva maravillosa en el país donde se inventaron", dijo Wang, quien añadió que se utilizarán las últimas tecnologías para asombrar a los asistentes y al mundo.

El colofón al acto lo pondrán unos fuegos artificiales nunca antes vistos, una fiesta visual y auditiva maravillosa en el país donde se inventaron, con casi 30.000 lanzamientos pirotécnicos que inundarán de colores y centellas el cielo de la capital china.
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