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Siria: el día que Europa se arrancó el corazón

viernes 11 de marzo de 2016, 14:16h

En julio del año pasado, saltaba la noticia de que el número de refugiados sirios en Líbano, Turquía, Egipto, Irak, y otros países cercanos a Siria superaba los cuatro millones de personas.

El pasado cuatro de septiembre, Amnistía Internacional daba cifras demoledoras: Más de la mitad de la población siria se encontraba en situación de desplazamiento, 250.000 personas habían muerto como consecuencia del conflicto, y más de 12.000.000 de personas necesitaban ayuda humanitaria dentro del país.

El 30 de septiembre, Rusia iniciaba operaciones aéreas en Siria, en apoyo de Bashar Al-Asad, con cuyo régimen venía manteniendo una estrecha relación desde los tiempos de su padre, Hafez Al-Asad.

A finales del pasado mes de noviembre, el ejército de Erdogan abatía un avión militar ruso que sobrevolaba la frontera entre Siria y Turquía.

Rusia llegó a afirmar que el derribo de su avión se había producido en un intento de impedir que saliera a la luz la ruta por la que el petróleo del Estado Islámico entraba en Turquía. Según Moscú, Turquía se había convertido en el principal soporte económico del Estado Islámico, comprando masivamente su petróleo; un petróleo que el Estado Islámico vendía al 50% de su precio de mercado.

Moría el tratado de libre comercio entre Rusia y Turquía, se congelaba la construcción de la primera central nuclear turca (con tecnología rusa), y quedaba paralizado el proyecto de un nuevo oleoducto que Rusia planeaba construir hacia el mediterráneo a través de suelo turco.

El dos de diciembre, el ministerio de defensa ruso daba una rueda de prensa donde acusaba directamente al presidente turco de estar enriqueciéndose él y su familia gracias al petróleo del Estado Islámico. Durante la rueda de prensa, distintos altos mandos militares rusos llegaron a mostrar fotografías aéreas donde afirmaban visualizar el tráfico de camiones cisterna entrando y saliendo de Siria hacia Turquía, detallando incluso las rutas que seguía el petróleo del Estado Islámico cuando entraba en Turquía.

Al día siguiente, el presidente Turco, Erdogan, acusaba a Moscú de ser un ciudadano con pasaporte ruso quién sacaba el petróleo del Estado Islámico.

Mientras tanto, Europa recibía más de medio millón de solicitudes de asilo. Miles de sirios se habían echado a los caminos, sin nada que perder, en busca de un futuro en el que las bombas y los tiroteos no les arrebataran la vida. Alemania había prometido 35.000 plazas para refugiados sirios, y los refugiados se agolpaban en la frontera norte de Turquía buscando llegar a Grecia.

Europa recibía más de medio millón de solicitudes de asilo.

Grecia, un país económicamente deshecho, y muy castigado por las políticas de la propia Unión Europea, se convertía en el primer punto de llegada de miles de familias que sin más bienes que lo puesto, peregrinaban hacia el corazón europeo. Centenares de personas dejaban la vida en el Mediterráneo intentando alcanzar el suelo griego.

El gobierno europeo llegó a amenazar a Grecia con cerrar sus fronteras si no conseguía contener los flujos migratorios.

Hungría comenzaba a construir, durante el pasado verano, una alambrada que impidiera la entrada en el país de los inmigrantes que desde Grecia, subían por la ruta de los Balcanes hacia el resto de Europa. Según las cuentas del gobierno húngaro, desde enero de 2015 hasta el mes de julio, cerca de 100.000 personas habían cruzado el país. El gobierno Serbio elevó una enérgica protesta frente a la alambrada, alertando de la catástrofe humanitaria de miles de personas que se verían condenadas a pasar el invierno a la intemperie en los Balcanes, quedando retenidas en la frontera entre Serbia y Hungría, argumento que no conseguiría torcer la decisión del gobierno húngaro.

En febrero de este año, (2016), Macedonia levanta otra verja para frenar los flujos migratorios. Miles de personas duermen a la intemperie frente a las alambradas de espino, trayendo a la memoria imágenes que recuerdan el más oscuro y reciente horror europeo, en una crisis humanitaria sin precedentes en Europa desde la segunda guerra mundial.

Esta semana, la Unión Europea pactaba con el presidente turco, - acusado por Rusia de financiar al Estado Islámico (El mismo Estado Islámico de los atentados de París) con la compra de miles de barriles de petróleo- la entrega de 6.000 Millones de euros, a cambio de poder deportar a Turquía a las miles de familias que llegan a suelo europeo.

Turquía fue acusada en Enero, por la BBC, de deportar ilegalmente a inmigrantes sirios nuevamente a Siria.

La Unión Europea flexibiliza además las condiciones para que Turquía entre en la Unión Europea. Por el camino, caen muertas condiciones hasta el momento ineludibles para entrar en la Unión como eran la liberad de prensa.

En 2015, más de 2000 personas perdieron la vida intentando cruzar el Mediterráneo.

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