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Recibir el año en armonía y hegemonía gramsciana

Casa Museo Antonio Gramsci
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Casa Museo Antonio Gramsci (Foto: Casa Museo Antonio Gramsci)
jueves 05 de enero de 2023, 16:39h

Desde hace tiempo, el único propósito que hago al comenzar un nuevo año es el de darle mi particular bienvenida instalándome, junto a mi legatario Fran, en alguno de los tantos recovecos de la memoria. Para recibir el que acaba de empezar, nos hemos dejado caer, junto a la tan cortés como ilustrada familia sarda de los Marras, por la Casa Museo de Antonio Gramsci, sito en Ghilarza, Cerdeña, porque en el 2022 que acabamos de liquidar se conmemoró el 85 aniversario de la muerte de este filósofo, economista, periodista, y teórico del marxismo, a cuyo desarrollo contribuyó decisivamente elaborando novedosísimos conceptos como los de hegemonía cultural, bloque hegemónico y posmodernismo.

Pero además de ahondar en cuestiones filosófico-políticas, Gramsci se adentró con profundidad en campos como la sociología, la antropología, la lingüística (con especial atención a su lengua sarda natal y al nacimiento de la italiana a través del análisis retrospectivo de la obra del Dante Alighieri), el teatro, el psicoanálisis, la dinámica de grupos y las relaciones personales, la nutrición, la gastronomía y muchas otras.

Primeras colaboraciones en un diario

Tras una infancia compleja y rodeada de difíciles percances familiares, logró a acabar la enseñanza secundaria para matricularse en el liceo Dettori de Cagliari, donde, en el segundo curso empezó a colaborar en el diario local L’Unione Sarda y en julio de 1910 recibía su credencial de periodista. Un año después, consiguió una beca para poder estudiar en la Universidad de Turín y se inscribió en la Facultad de Letras.

En los primeros meses de 1916, en plena Guerra Mundial, se convirtió en uno de los tres redactores del semanario socialista Il Grido del popolo, y de la hoja turinesa Avanti, en los que publicaba artículos políticos y de crítica teatral, centrando su admirada y atención en un autor, Luigi Pirandello, entonces incomprendido y escarnecido. Al mismo tiempo, abandonaba su asilamiento de estudiante visitando fábricas, charlando largamente con obreros y dictando alguna que otra conferencia en círculos socialistas. Con el inicio de los difíciles años veinte, su compromiso con las clases trabajadoras fue en aumento y, junto a Angelo Tasca, Palmiro Togliatti y Umberto Terracine, fundó el periódico L’Ordine Nuevo, en el que actuaba como animador general y secretario de redacción. También empezó a vincularse con los activos Consejos de Fábrica de Turín, participando en las ocupaciones y las huelgas masivas en el norte industrial italiano. En enero de 1921, se convirtió en uno de los fundadores del Partido Comunista de Italia (PCI), sección italiana de la Segunda internacional Socialista.

En Moscú encontró el amor

En mayo de 1922 marchó hacia Moscú como delegado del partido en la ejecutiva de la Internacional Comunista, pero llegó gravemente enfermo e inmediatamente fue enviado a un sanatorio en Moscú, donde, a través de otra paciente, conoció a Giulia Schucht, una violinista bella, alta, de aspecto romántico y graduada en el Liceo Musical de Roma. Se enamoran y contrajeron matrimonio en 1923. Fruto del enlace llegarían dos hijos, Delio en 1924 y Giuliano en agosto de 1926. A este, la cárcel dictaría sentencia, nunca llegaría a conocerle personalmente.

En las elecciones generales de 1923, cuando las Squadre d'Azione, comandadas por Benito Mussolini ya campaban por sus respectos por media Italia hostigando violentamente a los grupos de izquierda, Gramsci consiguió el acta de diputado por su partido, lo que le permitió volver a Roma protegido por la inmunidad parlamentaria. En junio de 1924, un grupo fascista secuestró y asesinó al diputado socialista Giacomo Matteotti y una ola de indignación recorrió el país, pero la oposición optó por abandonar el Parlamento, lo que daría poderosas alas al emergente germen totalitario.

Encarcelado por Mussolini

El 31 de octubre de 1926 Mussolini fue víctima de un atentado en Bolonia. Salió ileso pero el incidente le sirvió como pretexto para disolver los partidos políticos y suprimir la libertad de prensa. El 8 de noviembre, y en una fragrante violación de la inmunidad parlamentaria, Gramsci fue arrestado en su casa y encerrado en la cárcel romana de Regina Coeli. Después y a la espera de juicio, sería trasladado al penal de Ustica, una islita frente a Palermo, capital de Sicilia, y más tarde a la cárcel milanesa de San Vittore.

El fiscal Michele Isgrò fue rotundo y claro en su petición de pena para el encausado, al que su Duce calificaba de "brillante sardo jorobado", en alusión a su origen y a la afección que padecía, el mal de Pott o tuberculosis vertebral, que también sufrieron Francisco de Quevedo y Giacomo Leopardi. Señalando a Antonio, gritó al jurado: "Debemos impedir que este cerebro funcione durante veinte años". Dicho y hecho, Gramsci fue condenado a veinte años, cuatro meses y cinco días de reclusión. Aunque posteriormente la pena se viera reducida, no volvería a "gozar" de libertad hasta el 21 de abril de 1937. Gravemente enfermo, solo disfrutará de tan precario albedrío durante seis días. Al alba del 27 de abril, con apenas cuarenta y seis años, murió a consecuencia de una hemorragia cerebral.

Cartas manuscritas desde prisión

No obstante, tras los muros penales y durante once años escribió a mano 33 cuadernos con un total de 2848 páginas, que su cuñada Tatiana Schucht, con la colaboración de algunos compañeros presos, pudo sustraer de la estrecha vigilancia fascista para dar a conocer al gran público un valiosísimo corpus de pensamiento político, filosófico, literario, folclorista, teatral y humano.

El impacto internacional fue inmediato. Desde 1927 a 1988 la bibliografía de estudios sobre los escritos gramscianos incluyó más de siete mil títulos en veintiocho diferentes idiomas, la Universidad británica de Birmingham fundó un centro de Estudios Culturales y en Estados Unidos consiguió traspasar las férreas barreras del macartismo con los trabajos del académico John Cammet, fundador de la International Gramsci Society.

Pero hoy y aquí queremos poner el acento y subrayado en lo profundamente humano de estas misivas carcelarias. De un lado, las que remitió a sus hijos, donde, además de intentar trasmitirles el amor hacia la naturaleza y la pasión por la lectura, les incluyó cuentos de autores reconocidos como Charles Dickens, Aleksandr Pushkin​, Giuseppe Ravegnani, Rudyard Kipling, Máximo Gorki, o Iván Turguénev, y otros, como El árbol del erizo y El jorobadito de los diablos, procedentes de la tradición oral sarda. De otro, las cartas dirigidas a su madre, una anciana anclada en el mundo rural a la que costaba Dios y ayuda entender que alguien fuera a la cárcel por defender a los explotados, sin jamás haber robado o hecho daño a alguien.

En sus líneas evoca platos de infancia como los Culurgiones, una suerte de raviolis sardos elaborados con un relleno a base de puré de patata, queso de oveja, ajo y menta, con salsas de tomate, azafrán y mantequilla, de los que nos hemos puestos conmemorativamente finos; las dulces Pardulas de naranja o limón; las Zippulas, o tortitas rellenas de requesón; y las Pippias de zuccuru, pastelillos con forma de muñeca.

Al final, memoria del paladar, porque por encima de la filosofía y la cosmovisión de Gramsci se acaba imponiendo aquello que nos enseñó George Bernard Shaw: "No hay amor más sincero que el amor por la comida".

Así que, ¡Feliz Año Nuevo y al Roscón que son dos días!

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía.

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