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Una noche en la cárcel

Manido es el dicho que dice que de todas las experiencias vividas uno tiene que sacar provecho. Incluso de las malas. Y yo voy a hacer caso a esta premisa. Les cuento: este fin de semana he estado detenida desde las siete de la tarde del viernes hasta las cuatro y media del sábado. Y como detenida que estaba he dormido en el centro de Moratalaz que es el lugar adonde se llevan a todos los detenidos de Madrid independientemente del delito que cometan. El mío fue el de obstrucción a la justicia y les explico por qué.

Hace dos años tuve un accidente de tráfico. Tuvimos un juicio y me condenaron a pagar una indemnización a la parte contraria de 400 euros de la que se encargó mi compañía de seguros. Además la jueza me condenó a pagar 30 euros de multa al contrario en concepto de daños y perjuicios. La sentencia la recogió la abogada de la compañía de seguros que por teléfono me comunicó que iban a recurrir. No volví a tener noticias de ella y me olvidé del asunto.

Este viernes se personaron en mi domicilio dos agentes de la policía nacional que me comunicaron que tenía que ir a declarar a la comisaría de la Vaguada. Cuando llegué (siempre sin saber por qué) me comunicaron que una juez había emitido una orden de búsqueda y captura y que si la señoría no estaba de guardia estaría detenida. Así ocurrió. La jueza no estaba de guardia y fui detenida. Me requisaron mis pertenencias y me cachearon. Les voy a omitir aquí los detalles desagradables pero que sepan que el protocolo indica que hay que quitarse la ropa interior mientras una policía te examina bien.

Con el estado de nervios que pueden imaginarse pedí por favor ir al médico (tienes ese derecho cuando estás detenida). Me llevaron al médico y me dio un tranquilizante que de poco me sirvió porque de vuelta a la comisaría me dijeron que me trasladaban a dormir a Moratalaz. No me esposaron ante mis ruegos y llantos.

Calabozo de 30 metros

Cuando llegué a Moratalaz me metieron en un calabozo de unos 30 metros cuadrados con otros cuarenta detenidos (hombres y mujeres de todas las razas). Mientras esperaba la asignación de mi celda varios detenidos se encendieron un cigarro (algo prohibido) y el policía nacional al mando entró, porra en mano, y asestó golpes a diestro y siniestro a los dos hombres más cercanos al lugar del olor. Con la porra le dio en la cabeza, piernas y espaldas mientras decía: “Mierda de raza humana la de los sudacas”. “La culpa de todo la tiene este hijo de puta de Zapatero por dejar entrar en España a esta miseria humana”.

En un alarde de inconsciencia por mi parte le hice saber al policía que trabajaba en un periódico y que pensaba contarlo. Él, ufano, me respondió: “¿Y por qué no cuentas como están mis  compañeros hospitalizados por palizas de estos hijos de puta?”. Le contesté que así lo haría y añadí: “La diferencia que hay entre usted y ellos es que usted es autoridad y debe dar ejemplo y, sobre todo recordar que en un estado de derecho los detenidos tienen derechos incluido el de no ser dañados, derecho que se acaba de olvidar aplicar” A continuación me preguntó si quería dormir sola en una celda, algo que le agradezco. Me dieron la posibilidad de coger una manta y digo esto porque la celda de mujeres donde tenía que haber dormido tuvo tres mantas para siete u ocho detenidas (no recuerdo exactamente el número).

Intenté dormirme y a ratos lo conseguí. Y digo a ratos porque me desperté varias veces con los llantos de una toxicómana en pleno mono de caballo que requería a los policías que le abrieran la celda para ir al baño a vomitar. No lo hicieron y la detenida vomitó. Se hizo sus necesidades encima y ni por esas. No sólo no se apiadaron de ella, sino que se pusieron al otro lado de los barrotes y le gritaron: “Yonqui de mierda, a ver si te mueres de una puta vez”

A las cinco y media de la mañana abrieron mi celda para hacerme las fotos. Ya saben: De frente y dos perfiles. A las diez de la mañana me pusieron las esposas (unida a otra detenida que me contó que estaba ahí por robo con fuerza) y me metieron en un furgón policial en el que si no te caes (porque no tienes dónde agarrarte) es de milagro. Luego te tocan las narices los de la DGT porque no llevas el cinturón de seguridad puesto. ¿Y los detenidos qué? ¿No son susceptibles de tener un accidente? Se ve que no. Además como son escoria humana según ese personaje tan simpático que estaba al mando aquella noche en Moratalaz…

Al llegar a los juzgados de Plaza de Castilla (ingenua yo que pensaba que iba a esperar un rato y en los pasillos) nos condujeron a los calabozos. Fríos, llenos de porquería, con un baño donde uno tiene que hacer sus cosas a la vista de las demás detenidas. Con el olor de la yonqui porque había vomitado y se había hecho sus necesidades encima.

Gracias a las gestiones de mi abogado conseguí salir a las cuatro y media de la tarde, pero lo cierto era que iba a estar detenida hasta el lunes por la mañana. Por supuesto sin derecho a darte una ducha ni a cepillarte los dientes ni a cambiarte de ropa. Nadie, ni siquiera tu abogado, puede darte ropa por si tienes frío. Estás detenida y se ve que por eso no tienes derecho a nada.

Hoy he ido a la plaza de Castilla y me he enterado de todo. La jueza mandó hasta 20 requerimientos para que fuera a verla y para comunicarme que debía pagar la multa de 30 euros. Nunca dieron conmigo y eso que no he cambiado de domicilio en cinco años. La policía me buscó pero no me encontró. Encontraron a mi portero que firmó (y nunca me lo comunicó) y con esa firma dieron por válido el aviso. Como la policía no dio conmigo, decidió que estaba en paradero desconocido (iban siempre en horas de oficina y yo estaba…en la oficina, no en casa).

La cuestión es la siguiente. Yo he sido detenida por no haber hecho caso a una jueza que me quería ver para notificarme que me había condenado por un juicio de faltas por un accidente de tráfico a pagar 30 euros. Y no le he hecho caso no porque yo me crea por encima de las leyes sino porque nunca me enteré. La policía dice que no me encontró cuando además en información de Telefónica te dan mi número de teléfono sin problema. No me encontró cuando tecleando mi nombre en Google salen mis artículos. Y no me encontró, en fin, porque hicieron muchas cosas pero nunca las (desde mi punto de vista) más acertadas, como es buscarme en mi lugar de trabajo, puesto que estoy dada de alta en la seguridad social.

Yo sé que la justicia ha actuado conforme a la Ley. Pero también sé que me parece excesivo que me detengan, me esposen y me traten como una verdadera delincuente por este hecho, insisto, del que yo no tenía conocimiento.

También quiero decir aquí que no entiendo cómo este gobierno que va a destinar 80 millones de euros en el Ministerio de Igualdad para combatir el maltrato a las mujeres permite los malos tratos en las comisarías y centros como el de Moratalaz. Yo lo he visto con mis ojos, lo he escuchado lo he vivido y lo he padecido. Pensé, sinceramente, que vivíamos en un estado de derecho pero veo que me equivoqué.

Por cierto, gracias a haber estado detenida me han rebajado la multa a 22 euros. Es de agradecer. Por la crisis, lo digo.
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