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El adiós a un hombre bueno

lunes 27 de octubre de 2008, 10:06h
Actualizado: 28 de octubre de 2008, 07:27h
El fallecimiento de José María Cuevas es una muy mala noticia para todos los que creemos en un modelo económico coherente con los valores del mercado y con el diálogo social. Licenciado en Derecho y diplomado por IESE, Cuevas había sido, entre otros puestos de gestión dentro de la empresa, presidente de Vallehermoso, director general de Sarrió y consejero de Viscofán e Iberpapel, y en el ámbito institucional, vicepresidente del consejo superior de las Cámaras. En su haber quedan logros tan importantes como el famoso AES, el acuerdo económico y social con los sindicatos y el gobierno socialista, así como numerosos acuerdos y consensos políticos y sociales que facilitaron la paz social y con ella, la actividad empresarial.

Tras su nítido desencuentro con el líder empresarial catalán, Joan Rosell, Cuevas promovió su propia sucesión por Gerardo Díaz Ferrán y se retiró a una especie de jaula dorada como presidente de la Fundación CEOE. Luego vino cierto desencuentro con su sucesor, por entendimientos distintos del modelo de la organización patronal, y que ha dado origen a tantas informaciones y comentarios en los últimos meses.

Me quedan en el recuerdo algunas reflexiones esclarecedoras que disfruté en inolvidables sobremesas en el bonito cenador de su muy mesocrática casa de Riaza -nunca fue hombre de lujos y mucho menos de ostentaciones- donde tuve ocasión de percibir no sólo su muy profundo sentido de Estado sino también su condición intelectual de hombre sinceramente llegado al liberalismo desde sus orígenes corporativistas a través de una honesta evolución y de su interés por el empresariado moderno y la cohesión. Fruto de aquellas cualidades, la CEOE llegó a convertirse en un modelo de patronal moderna, seguida con atención e imitada desde muchos países no sólo europeos y profundamente integradora de todos los empresarios, grandes, medianos y pequeños.

Tras 23 años de mandato indiscutido en la presidencia de CEOE, cargo al que llegó en 1984 en sustitución del primer presidente de la patronal, Carlos Ferrer Salat, los problemas de salud le hicieron retirarse en febrero de 2007, apenas un año después de haber sido reelegido por séptima vez. Los presidentes y ministros de todos los Gobiernos, socialistas o conservadores, con los que tuvo que negociar cuestiones sustanciales para la vida empresarial y laboral del país, le recuerdan como un negociador muy duro pero siempre con el objetivo muy clara de alcanzar acuerdos viables y eficaces.

El empresariado español ha perdido a su portavoz más representativo de todos estos años democráticos, un negociador sereno, riguroso y eficaz, un hombre enamorado de España y siempre con los intereses generales por encima de cualquier conveniencia o particularismo. El poder político y las fuerzas sindicales han perdido un interlocutor duro, pero fiable y siempre volcado a buscar puntos de encuentro y alcanzar acuerdos. Y todos hemos perdido a un viejo amigo castellano del que pueden predicarse con justeza las admirables versos de Machado, porque José María Cuevas era “un hombre bueno, en el buen sentido de la palabra bueno”. No sólo el empresariado, este país entero, todos los españoles, le debemos gratitud y memoria.
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