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Parque(s) móvil(es)

Parque(s) móvil(es)

lunes 27 de octubre de 2008, 18:51h
Actualizado: 30 de octubre de 2008, 07:27h
Buena la hizo el Gobierno tripartito gallego al comenzar a renovar su parque móvil, sirviendo en bandeja una polémica que el Partido Popular recibió cual tesoro caído del cielo. El desencadenante de todo ello, claro está, el nuevo Audi A-8 blindado (de coste unos 480.000 euros), cuyo expediente de adquisición se iniciara a primeros de 2007. El vehículo ha sido asignado al presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, que cuenta con otros tres vehículos de representación, dos de los cuales (entre ellos el anterior Audi A8 blindado, que tiene ya 500.000 kms) utilizan sus escoltas.

Desde hace dos semanas, Alberto Núñez Feijóo, líder del PPdeG, no pierde ocasión de censurar “la tendencia al lujo en la que vive el presidente gallego desde que llegó al cargo”, lo que provoca airas réplicas de la Consejería de Presidencia, de la que depende un parque móvil de 355 automóviles de todo tipo y 80 conductores, que prestan sus servicios al vicepresidente de Igualdad y Bienestar, a las consejerías, a sus delegaciones provinciales, al Tribunal Superior de Justicia de Galicia, a la Fiscalía General, a los juzgados, y a otros organismos comunitarios, amén de a los expresidente de la Xunta, como Manuel Fraga Iribarne.

El coste, rifirrafes aparte, parece razonable y la gestión de este parque móvil no es ni mejor ni peor de la del resto de parques móviles al servicio de las diferentes administraciones públicas (central, autonómicas, provinciales y locales) españolas. Lo que no quita que, en puridad, todo sea manifiestamente mejorable.

No obstante, los populares gallegos no contentos con la oportunidad que les brinda el nuevo coche de Pérez Touriño, el pasado jueves montaron una nueva escandalera, esta vez a costa de la nevera (minibar, le llamaron) instalada en el vehículo oficial que utiliza Anxo Quintana, vicepresidente de Igualdad y Bienestar, a la que le habían asignado un precio de 6.000 euros (un millón de las antiguas pesetas), cuando su coste real –se trata de una nevera eléctrica portátil que funciona conectada a la batería del coche— oscila entre 50 y 135 euros, según fabricante y según el centro comercial en la que se adquiera.

El gasto de Quintana, incluso hablando de un tuneado de coche, es infinitamente inferior a los 20.000 euros (cosa que dicen unos, mientras el intereado habla de 9.000) invertidos en el coche oficial de Ernest Benach (ERC), presidente del Parlamento de Cataluña. Benach, que vive en Reus –a unos 109 km de Barcelona—, se hizo instalar con cargo al presupuesto público un escritorio de madera noble, construido a medida, una conexión móvil a Internet y todo un completo equipo de MP3. Sus voceros oficiosos se apresuraron a indicar que el coste era inferior (aunque no especificaron la cifra) y a justificar el gasto diciendo que el presidente de la cámara catalana aprovechaba sus desplazamientos diarios para trabajar en su coche oficial. Determinados sectores de Esquerra Republicana de Catalunya, que se la tienen jurada a Benach –en la anterior legislatura le acusaron de pesebrero y le urgieron a que abonase las cuotas que todos los altos cargos del partido tienen que entregar--, no ocultan su satisfacción por el nuevo renuncio suntuario en el que ha incurrido.

Si, en otras circunstancias, los gastos suntuarios de Pérez Touriño y el tuneado del automóvil oficial de Ernest Benach (lo de Quintana es pura anécdota intrascendente), merecerían apagados reproches, en estos inciertos tiempos de crisis económica la difusión interesada de ambos dispendios ha levantado la correspondiente polvareda mediática. Nadie discute que el presidente de la Xunta de Galicia, al igual que todos su antecesores, utilice un coche blindado. Lo que está más en el aire, en su caso, es que el vehículo sea sustituido a los 500.000 km. Extraña en automóviles de gama tan alta, especialmente si, por el uso que se las da, tienen garantizado un eficaz mantenimiento. [El columnista, en plena escandalera gallega, ha sido testigo de la venta de un Audi de la gama inmediatamente inferior, con 802.000 km y que pasó la ITV sin ningún tipo de problemas, más allá de la sustitución de dos bombillas de los faros. Este Audi se había utilizado como taxi en algo más de tres años].

Otra cosa son los más de tres millones de pesetas públicas (esos 20.000 euros) invertidos en el automóvil oficial del presidente del Parlamento catalán. No es un gasto razonable, se mire como se mire. En este tipo de vehículos, por algo así como 350 euros, se obtiene una base para ordenador portátil, acoplable al asiento del interesado. Y, por unos 150 euros, se puede recurrir a cualquier compañía de telefonía móvil para que suministre un módem 3G acoplable al PC portátil. Esos son los precios de mercado. Por cierto, unos precios de mercado que no olvidó Anxo Quintana a la hora de adquirir una neverita eléctrica para su vehículo oficial. Porque por mucho cargo público que se ostente, con o sin crisis, los lujos deben correr a cargo del peculio personal del interesado.
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