Tres días llevamos ya despidiendo a Tomás Gómez como alcalde de Parla. Y lo que te rondaré parleña. Primero ante sus vecinos, luego ante los medios y ahora con un pleno extraordinario para escenificar su salida, que no la entrada del sucesor, que será el mes que viene. Esta versión XXL de la despedida municipal, este adiós en cinco actos de tragedia griega, esta salida a cámara lenta ‘slow motion’, sólo demuestra una cosa: el cariño que le ha cogido este hombre al sillón municipal y el mucho frío que hace fuera de la casa consistorial, donde la calefacción no se va a encender hasta el 2011. Y eso si se enciende.
Hay cierto interés por reventarle a Tomás Gómez sus primeros pasos como líder en solitario del socialismo madrileño. Le han sacado un lío con unos presupuestos en gasto publicitario que está investigando la cámara de cuentas. Y eso, demuestra una cosa: cuando a uno le empiezan a sacar papeles en fechas señaladas, es que empiezan a tenerle en cuenta, al menos como rival de cierta entidad. Esta regla tampoco es infalible: Rafael Simancas pudo leer en Barajas un día que se iba de viaje oficial a Bruselas, todo el lío con los ya ex alcaldes socialistas de Ciempozuelos. Y hasta la fecha, Simancas está en el Congreso de los Diputados y Aguirre es presidenta de la Comunidad.
Pero algo tiene Gómez, que le da un aire de ‘hombre tranquilo’ al mejor estilo John Wayne. Y no parece que unos papeles vayan a torcer el arranque de este camino. Wayne tenía a Maureen O'Hara en aquella maravillosa película de John Ford, y Gómez tiene a Aguirre. Vale: no es la misma historia de amor. Pero para historia de amor la del alcalde saliente y el alcalde entrante. Nos dicen que José María Fraile era el más listo de la clase a la que también asistía Tomás Gómez. Es todo un consuelo para muchos padres: si usted tiene un hijo que no es el más listo de su clase, no se preocupe. Puede llegar a ser alcalde. Y si lo es, pues también. Ser alcalde, ya no es lo que era.