Esperanza Aguirre ha sorteado con sobresaliente una de las pruebas más duras a las que le ha sometido su carrera política. Este jueves, mientras esperaban su llegada a la Real Casa de Correos, los miembros de su equipo no dejaban de repetir la buena estrella de la presidenta, ya que el helicóptero de Móstoles también se estrelló por estas fechas, un 1 de diciembre.
El Consejo de Gobierno, se reunía a primera hora huérfano de su presidenta. Tras su conclusión, las caras de los consejeros sólo transmitían seriedad, a excepción de un
Ignacio González visiblemente nervioso tras pasar toda la noche en vela. Su teléfono, como presidente 'in pectore' en ausencia de Aguirre, echó humo tratando de conseguir una salida de la India para toda la delegación madrileña.
.jpg)
La llegada de Aguirre rompió la tensión y el primero en recibir dos besos fue su vicepresidente. Con su característica espontaneidad, se sorprendió con la presencia de los dos representantes del PP nacional enviados por
Mariano Rajoy: "¡Hombre, Soraya (Sáenz de Santamaría) y Jorge (Moragas)!".
Al líder popular se le hechó de menos, y no faltó entre los presentes quien apuntase en rojo su ausencia. Como tampoco la de algún representante del Ayuntamiento que sustituyese a
Alberto Ruiz-Gallardón, de viaje en Bruselas. No todos los días se sale indemne de una oleada de ataques terroristas. Esperanza, abrumada aún por los acontecimientos y sin duda por un lapsus, no mencionó al alcalde en los agradecimientos.
Los calcetines blancos
La jefa del Ejecutivo madrileño, siempre impecable en cada acto público, se recompuso del susto y del trajín del viaje antes de salir del aeropuerto de Barajas en dirección a la Puerta del Sol, pero no pudo disimular un curioso detalle: llevaba calcetines blancos bajo sus zapatos de tacón abiertos. Sin pudor, y dadas las circunstancias, lo explicó con toda franqueza: "Perdí las alpargatas y he estado descalzo hasta llegar al aeropuerto. Tenía frío con estos zapatos de la señorita Pepis y me han dejado estos calcetines". Hay que tener en cuenta que en Bombay el clima era poco menos que tropical.
Faltó rapidez
Lo que bien acaba bien está, y por ello la presidenta insistió en que traer al resto de su equipo (los presidentes de
Cámara y
CEIM, su directora de comunicación, los operadores de cámaras y Carlos, su fotógrafo oficial), era una absoluta prioridad. El miedo de todos ellos en Bombay, donde los disparos y las explosiones no habían concluido, se tenía muy en cuenta y la mandataria terció que de ningún modo los había dejado atrás: el pánico y la policía india impidó que el grupo escapase unido.
.jpg)
Aguirre, aún desconocedora de todos los medios que se habían tratado de mover desde la sede regional para acometer el rescate, dio las gracias al Estado central y al ministro de Exteriores,
Miguel Ángel Moratinos, por las gestiones realizadas. Ahora bien, a través de varios consejeros y miembros del Ejecutivo se pudo comprobar un cierto malestar por que las diligencias de Exteriores no hubieran sido lo suficientemente rápidas: "Hace horas que dijeron que iban a mandar un avión. Tendrían que haberlo hecho ayer mismo".