Según el comunicado del Gobierno al Congreso para el desarrollo del Debate de Política General, el marco básico se estructura en un análisis, justificativo por supuesto, de la génesis de la crisis económica y de su agravamiento acelerado, y en el comentario y valoración de las medidas propuestas desde el Gobierno para evitar su profundización y atenuación sus efectos, especialmente en lo que se refiere a la protección social de los desempleados y al freno a la destrucción de empleo. Considerado por el Ejecutivo como una estrategia global, porque afronta numerosos problemas, atiende a muy diversos destinatarios y se materializa en múltiples prevenciones para neutralizar los efectos negativos de la crisis, adolece sin embargo de una organización más sólida y coordinada que la que se ha derivado de las sucesivas intervenciones en muy distintos objetivos, entre los que predominan los de naturaleza social. Pero no es propiamente un plan ni tampoco aborda con energía y ambición las reformas estructurales necesarias para cambiar nuestro sistema productivo.
Al igual que en el texto remitido, en el que se defienden las políticas arbitradas
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y desarrolladas hasta ahora, en el debate del Pleno vamos a asistir a intervenciones del presidente del gobierno muy distintas al habitual triunfalismo de hace algunos meses aunque defendiendo su gestión, frente a un generalizado derrotismo de los grupos de oposición, que son todos: en algún caso, como el PNV, por el cambio de pareja para dirigir los destinos del País Vasco, confinando a ser oposición a quienes habían gobernado durante treinta años; en otros, como el grupo parlamentario de CIU, porque se consideran maltratados por el gobierno de
Rodríguez Zapatero y le acusan con razón de no haber avanzado en el desarrollo del Estatut, especialmente en lo que se refiere a la financiación. Otros grupos integrados en el mixto, llevan sus cuitas singulares para arrojarlas al gobierno con las primeras luces del miércoles.
El debate parlamentario en sí mismo no comporta votación, aunque sí es un exponente de la fortaleza o debilidad del Presidente y de su gabinete así como de la capacidad de la oposición para desacreditarle y acelerar su desgaste, porque pocas veces se ofrecen alternativas de gobierno desde el partido popular. Otros grupos sí lo hacen, y en esto siempre han destacado los nacionalistas a los que se acusa muchas veces sin razón de mercadear con sus apoyos. Sin embargo, presentan muchas propuestas razonables y aceptables, de lo que es un excelente ejemplo de diálogo y sensatez en sus mociones
Durán i Lleida, pese a tener en su contra el contrapeso del tripartito.
Con la pérdida del poder político de los nacionalismos en Galicia y Euzkadi y la especial situación de Cataluña, es difícil entender que algunos medios de comunicación y círculos de poder vuelvan a poner en la picota a quienes tratan de conseguir ventajas para sus territorios, no chantajeando como se califica la negociación , sino haciendo valer su apoyo a las políticas generales del gobierno español. La siembra de cizaña desde la España más montaraz durante la tramitación del Estatut y la penosa aventura de Ibarretxe, ha dado abundante cosecha y costará tiempo y sentido común estirparla. En el debate que comienza mañana habrá ocasión para apreciar hasta dónde llega la discordia de los nacionalistas por razones coyunturales, y hasta donde su contribución a la gobernación del Estado.