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Y ahora, encima, cocaína

miércoles 13 de mayo de 2009, 19:52h
Actualizado: 19 de mayo de 2009, 12:59h
Un informe de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el Centro de Investigaciones Energéticas (Ciemat) y el Instituto Catalán para la Investigación del Agua acaba de detectar que en el aire de Madrid hay cocaína en suspensión. Había escuchado muchas veces decir, y no precisamente de malas fuentes, que eso mismo ocurría con la mayor parte de los billetes de 10 euros con los que pagamos en el mercado o que damos a nuestros sobrinos pequeños como propineja de fin de semana.

Así que también el aire. Va a ser por eso el cuerpo sandunguero que tenemos los madrileños de buena mañana, la mala leche que se gastan los taxistas -con perdón- en los atascos, o el origen de esa fama de "vivir muy deprisa" que tenemos los del foro entre el resto de los españoles. Vamos, que lo mismo no es el estrés y la vorágine de la vida en la gran ciudad lo que nos arrastra a caminar deprisa, comer deprisa y hacer todo lo demás a las carreras; es la cocaína del aire la que nos tiene levantiscos e hiperactivos. Y los peores, los más deportistas: a más footing por las calles y parques, más aire cocainado que entra directamente a nuestros pulmones.

Hubo un tiempo en que Madrid era conocido en todo el mundo civilizado por dos cosas: la calidad de su aire y de su agua. De momento, el agua sigue siendo buena tal y como sale del grifo, pero del aire tenemos cada día peores noticias. Unas veces, por el exceso de partículas en suspensión que critican tanto los grupos ecologistas; otras, por el ozono que se acumula hasta niveles presuntamente peligrosos; y ahora, por si algo faltaba, esta otra materia suspendida. Con lo cara que está la coca, nada me sorprendería que algún listo decida hacer negocio con el descubrimiento, y venderla embotellada para los amantes del vicio. Como dijo aquel, ¡qué país, Miquelarena!
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