Tradición vs. Gallardón
jueves 14 de mayo de 2009, 16:24h
Actualizado: 20 de mayo de 2009, 13:34h
Que a Ruiz-Gallardón no le gustan las fiestas de San Isidro no es una novedad. Siempre le ha dado cierto repelús mezclarse con tanto casticismo, con tanto chulapo y con tanta parpusa. Pero de ahí a no acudir al pregón de este pasado miércoles como hace cualquier alcalde el día que comienzan las fiestas “del pueblo” hay un pequeño trecho difícil de justificar. La excusa es real –con minúscula— y Real —con mayúscula— ya que Ruiz-Gallardón estaba con la Reina en la Caja Mágica asistiendo al partido de Rafa Nadal.
Pero las cuentas con el reloj en la mano salen un poco apuradas, la verdad. El partido de Rafa Nadal acabó apenas a las cinco de la tarde —es lo que tiene ser el número 1 del mundo— y Doña Sofía tenía que irse a Valencia a la final de la copa de su marido —es lo que tiene ser la Reina—. Así que para estar a las ocho de la tarde en el balcón de la plaza de la villa acompañando a la actriz madrileña Blanca Portillo sobraba el tiempo. El problema es que faltaba voluntad o quizá que sabía que los vecinos de Carabanchel iban a acudir con su 'alter ego' Ruiz-Vampirón para protestar por los parquímetros.
Sea como sea e incluso a regañadientes el alcalde cumple todos los años con la tradición de ir a la pradera y a la ermita para beber agua del Santo. También acude a pedirle al patrón no vaya a ser que tenga mano con los del COI y por hacerle un feo no nos den los juegos. Pero como un año vaya más pronto para evitar aglomeraciones vamos a tener que cubrir la visita de madrugada.
En todo caso, le propongo al alcalde desde esta ilustre tribuna de Madridiario un cambio de rumbo: si a un mercado tan tradicional como el de San Miguel se le ha conseguido dar la vuelta y convertirlo en el mercado más moderno de la capital, el alcalde tendría que saber reorientar las fiestas de San Isidro para hacerlas también un poco suyas. Si presume de moderno, hagamos de las fiestas algo moderno. Pero no enterremos en el olvido a una tradición por muy casposa que le parezca que interesa a tantos madrileños.