El show que protagoniza Manuel Zelaya parece que no tiene fin. El caso tiene asegurado un lugar en los anales del Derecho de Asilo. Será un capítulo humorístico porque lo que inspira es risa.
Todo comenzó con el regreso subrepticio a Honduras. Luego de dos fracasados intentos, primero en un avión venezolano y después por la frontera con Nicaragua, el 21 de septiembre se "coló" por los caminos verdes con apoyo del régimen bolicomunista. Llegó directamente a la Embajada brasilera en Tegucigalpa. Brasil, burlando las normas del derecho de asilo lo recibió como "huésped" a pesar de que se trataba de un infiltrado ilegal en el territorio hondureño. El gobierno de Honduras, actuó con toda la mesura del caso. Respetó la "hospitalidad" brindada a Zelaya a pesar de que Brasil no reconocía, y siguen sin reconocer, al gobierno de Roberto Micheletti y de que, en esas condiciones, la representación brasilera en Tegucigalpa no goza de la inmunidad que otorga a las embajadas la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas.
Abusando de la hospitalidad brasilera, azuzado por el mandante venezolano y valiéndose de su condición ambigua de asilado sin ser asilado, Zelaya se dedicó a conspirar, promover una insurrección popular contra el gobierno de Micheletti y a tratar de boicotear la elección presidencial de noviembre pasado. A todo esto Itamaratí se hacía "la vista gorda".
Luego vino la cómica con el Acuerdo San José/Tegucigalpa. Después de haber sido aprobado y firmado por sus representantes, el hombre del sombrero de ala ancha decidió desconocerlo.
A pesar de todos los esfuerzos para sabotearlas, las elecciones se realizaron pacífica y democráticamente. Honduras tiene un presidente electo por su pueblo que asumirá las riendas del país en enero próximo a pesar de que algunos gobiernos, chantajeados por el mandamás venezolano, se niegan a reconocer el resultado de la elección.
Llegamos ahora a otro acto del sainete y entran en escena nuevos actores.
México ofrece dar a Zelaya asilo al amparo de la Convención de Caracas de Asilo Territorial y pide a Honduras salvoconducto para que el Presidente depuesto pueda trasladarse de la Embajada de Brasil al aeropuerto. Esto, por sí mismo, evidencia cómo se distorsionan las instituciones internacionales. El asilo territorial solo se plantea cuando la persona que busca refugio llega al país donde se asilará y por lo tanto no procede solicitar y mucho menos otorgar un salvoconducto. No obstante, el gobierno hondureño, en una muestra más de tolerancia, otorgó el salvoconducto. México despachó un avión para recoger a Zelaya pero este dijo que no saldrá de su país como asilado sino como presidente. ¿Ignora acaso que sin la protección de un tercer gobierno y del salvoconducto, apenas ponga pie fuera de la Embajada de Brasil puede ser capturado y sometido a la justicia? Resultado: la Cancillería hondureña retiró el salvoconducto y México retiro su ofrecimiento de asilo territorial.
Mientras esto sucedía, el presidente dominicano, Leonel Fernández, gestionaba una reunión de Zelaya con el presidente electo Porfirio Lobo para buscar una solución al embrollo. La reunión debía realizarse el lunes, pero también fracasó porque Zelaya insiste en que sólo saldrá de Honduras como presidente y el gobierno interino solo está dispuesto a otorgarle un salvoconducto para que salga como asilado. Porfirio Lobo dice que está dispuesto a dialogar con Zelaya donde sea para solucionar el barullo.
Supuestamente el gobierno de Honduras estaría flexibilizando su posición y permitiría a Zelaya salir de la Embajada de Brasil, sin riesgo de que lo detengan, para que termine de salir del país hacia un país fuera de Centroamérica.
Seguramente habrá nuevos episodios de esta mojiganga que no termina. Solo cabe esperar que Zelaya no venga para Venezuela a enredar todavía más las cosas