martes 28 de septiembre de 2010, 21:33h
La historia contemporánea de Colombia, que se inicia trágicamente a partir del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, en 1948, durante los días en los que se celebraba en esa ciudad la I Conferencia de la Organización de Estados Americanos (OEA) , está marcada hasta el presente por el conflicto prolongado que el Estado ha venido librando contra diversos grupos armados que han tratado de desestabilizarlo, como las guerrillas de las FARC, el ELN, los paramilitares y los grupos dedicados al narcotráfico. Ha sido, en palabras de Eduardo Pizarro Leongómez, "una democracia asediada".
El conflicto colombiano ha sido visto además como desestabilizador para la región, sin tomar en cuenta que el impacto del narcotráfico, si bien es cierto que ha financiado y potenciado al máximo a los grupos guerrilleros, es una amenaza para todos los países, algunos de los cuales se están dando cuenta, tardíamente, de que deben combatirlo.
Posturas como la de Le Monde Diplomatique han sido contradictorias: han advertido el desbordamiento regional del conflicto, fruto de una estrategia de Washington, a la vez que lo han calificado de interno para evadir dicha estrategia. Lamentablemente, la lógica del narcotráfico es la del mundo globalizado del siglo XXI, de la que no puede dar cuenta la división del trabajo intelectual de la Guerra Fría y su ideologización de todos los conflictos.
En estos 60 años, el Estado colombiano ha sostenido una guerra permanente de cruentas victorias y derrotas que no han sido decisivas. Ha estado a punto, incluso, de perder el control del país o ha dejado, sin beneficio de inventario, en nombre de hipotéticos acuerdos de paz el fortalecimiento armado de la guerrilla, como fue el caso de los Acuerdos de La Uribe, en la época de Belisario Betancur (1982-1986), o, más recientemente, de San Vicente del Caguán, con Andrés Pastrana Arango (1998-2002).
¿Qué implicaciones tiene en esta larga historia el abatimiento del máximo jefe militar de las FARC, Víctor Julio Suárez, alias Mono Jojoy?
Desde el año 2006, el Estado colombiano, en palabras de Eduardo Pizarro, ha estado buscando "el punto de inflexión" que marque el comienzo del fin de la guerrilla de las FARC y de esta larga guerra de más de medio siglo. "Punto de inflexión" y "comienzo del fin" son las mismas palabras que utilizó el presidente Santos durante su visita el domingo pasado a La Macarena (Meta), en donde fue abatido alias Jojoy. El punto de inflexión consistiría en la sincronía de organización, inteligencia y alto grado de tecnología de las fuerzas militares, legitimado por una decisión mayoritaria de la ciudadanía del país.
Según Daniel Samper Pisano, en El Tiempo de Bogotá: "No hay en el mundo otro cuerpo que domine con tanta madurez la lucha antiguerrillera. La razón es que tampoco hay país que haya sufrido durante tanto tiempo y con tanta intensidad los ataques de estas organizaciones".
El abatimiento de Jojoy evidencia que esta sincronía se ha logrado y que el proceso avanza hacia la liquidación del conflicto y a nuevos escenarios.
alandazu@hoy.com.ec