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Vileda Stratocaster

Vileda Stratocaster

jueves 15 de septiembre de 2011, 20:30h
Actualizado: 15 de septiembre de 2011, 20:56h
Todo el mundo sabe que existen tres formas de tocar la guitarra: con una guitarra, con una escoba, o sin guitarra y sin escoba, pero moviendo los dedos como si uno tuviera entre sus manos ese instrumento que apenas provoca indiferencia. Como es natural, los únicos resultados apetecibles se obtienen utilizando la primera de las tres modalidades porque hasta ahora no hay una evidencia de que mediante las otras dos se haya logrado un sonido capaz de interesar al público y a las empresas discográficas. ¿Qué tienen estas pequeñas construcciones de formas sinuosas por quienes la mayoría de sus dueños siente veneración y a las que no cambiaría por nada, se encuentren en buen o mal estado? Muy poca gente se atreve a ofrecer una respuesta contundente aunque quizás sea el sonido que las hace inconfundibles para quienes gastan su tiempo con ellas. No es más. Y resultaría sencillo certificarlo. Bastaría observar a algunos músicos en el escenario, especialmente cuando se sientan y cruzan las piernas para disfrutar relajadamente de su música como, por ejemplo, hicieron Raúl Olivar, de Calle Jaleo, y Antonio Carmona, durante sus respectivos conciertos en las últimas ferias de Valladolid. Siempre se sabe cuando se toca para el público o para uno mismo. No es de extrañar pues, y esto lo intuyen quienes las usan, que entre los pretendientes rechazados por ellas haya quienes intenten darse un pequeño gustazo, imaginando que tienen entre sus manos un manantial de armonías. Quien no se conforma es porque no quiere. Esa es la única razón explicable para que alguien se encierre a cal y canto en la cocina, ponga el radiocassette a tope, y se lance con la escoba (o la Vileda) a interpretar “riffs” como un poseso; o se decida en público a mover los dedos al buen tuntún y a contorsionarse como si fuera Hank Marvin tocando Gerónimo con su Fender Stratocaster durante la gira del 2004 ¿ Acaso tienen vedado el derecho al placer, sea en público o en la cocina mientras se quema la sopa ? Así pues, que nadie piense que se trata de un hábito deplorable, español, oportunista o inherente a humanos con problemas de interferencias neuronales. Ni mucho menos. Es una costumbre universal y, además, se utiliza también con otros instrumentos entre los cuales figura el violín, como demuestra este vídeo donde aparece una versión campera de ”Leavin’ Lousiana”. Obsérvelo con atención, por favor, si es que ha logrado llegar hasta aquí y ha tenido la audacia de no cambiar de página. Se encontrará con que, en mitad de la interpretación, uno de los vocalistas del grupo Oak Ridge Boys, el de traje beige clarito, se vuelve hacia el violinista para imitarle aplicando con exactitud la tercera de las modalidades descritas en este artículo. Casi al final puede escucharse también un agudo chillido femenino, pero esa es otra cuestión porque el grito es ajeno a la tradición country y tampoco había un ratón en el escenario. A la cantante le avisaron del estado de la deuda pública de España. Antonio Álamo. Periodista.
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