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Una de cal y otra de arena

martes 25 de septiembre de 2007, 10:22h
Actualizado: 28 de septiembre de 2007, 07:13h
Muy a pesar de la Once, la canción de Dexler - esa que dice que cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da - se está convirtiendo, no en la sintonía del cuponazo, sino en la de la campaña para fomentar el alquiler presentada por Zapatero y la Ministra de Vivienda. Ni cuarenta y ocho horas han hecho falta para que la nunca suficientemente ponderada picaresca ciudadana, haya encontrado la manera más sencilla de sacarle provecho a la ayuda de 210 euros mensuales destinada a los arrendadores más jóvenes: yo le alquilo la casita de la sierra como vivienda habitual a tu niño, tu le alquilas la tuya al mío y a final de mes, cobramos todos. No me digan que no es rentable.

Es lo que tienen los cursos electorales, que los políticos se desmelenan y empiezan a lanzar promesas con idéntica alegría y despreocupación que la florista que repartía nardos por la calle de Alcalá, sin pensar en las consecuencias.  Menos mal que ante la fiebre de dar,  habitual en cuanto los ciudadanos empezamos a hacer crujir los nudillos de cara a estar ágiles en el momento de introducir la papeleta en las urnas, siempre hay una cabeza fría dispuesta a quitar, para no dar sensación de Gobierno de baratillo.

En esta ocasión se trata de Cristina Narbona, que, muy sensatamente, está dispuesta a cortar por lo sano y a expropiar cualquier terreno o inmueble existente que suponga un "factor de perturbación" medio ambiental, término elástico donde los haya a que, espero con toda el alma, incluya  los pisos patera, las discotecas mal insonorizadas, las fincas de los políticos que incumplen la ley de costas, los enanitos de jardín y las urbanizaciones sin suministro de agua asegurado Si la ley de patrimonio se empieza a aplicar con seriedad, y el dichoso factor de perturbación, no se refiere únicamente a los usos y costumbres que afecten a la cría del lirón careto,  veremos con sana alegría cómo le expropian la parte de la barbacoa al del adosado que se pasa los domingos asando sardinas al ritmo de Bisbal.

Una bendición que proporcionará un rédito electoral al Psoe sin precedentes.., a no ser que el susodicho tenga menos de treinta años, esté alquilado y se esté comprando las sardinas con los 210 eurolos del ministerio de vivienda. En ese caso sospecho que, al pertenecer el factor perturbador a un "colectivo desasistido" (Chacón dixit) la aplicación de ley Narbona se quedará en agua de borrajas. Y si no, al tiempo.
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