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Más muertes en este aniversario contra la violencia de género

domingo 25 de noviembre de 2007, 18:42h
Cada 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las mujeres. En once meses de  2007 ya han sido asesinadas más que en doce meses  de años anteriores. Todavía quedan varias semanas hasta el inicio de 2008 y en este periodo pueden superarse de nuevos todas las marcas de criminalidad contra el sexo contrario. Dependerá de la decisión de  los maridos, novios y amantes que acechan sigilosamente a sus compañeras, que día a día  sienten el aliento/taladro de su enemigo y aguantan lo indecible para mantener encendido el dispositivo de detección de la transformación del hombre en bestia machista.

Desde 1999,  unas 600 mujeres han perdido la vida a manos de sus terroristas particulares y en once  meses de 2007, 69. Once fueron asesinadas en junio, nueve en febrero, ocho en julio, siete en mayo, cinco en enero, octubre y noviembre, cuatro en marzo y tres septiembre. A pesar de la existencia de buenas leyes contra esta lacra social y  de Igualdad entre seres humanos, cada semana, desde hace demasiados años, hay una nueva víctima. No sabemos qué hacer para acabar con esta sangría, pero parece claro que lo que no hay que hacer es banalizar el drama femenino que se esconde detrás de cada acto asesino, ni convertir en espectáculo la violencia de género.

Eso es lo que hicieron los indecentes que convirtieron en basura un espacio de televisión pensado para conseguir grandes audiencias ofreciendo la cara más morbosa de la relación de pareja. La de la mentira. Esa tele, que hizo coincidir en su plató a una de las últimas víctimas con su asesino, a base de medias verdades y emociones reconciliadoras amañadas, ha provocado debates encendidos sobre el uso de los medios de comunicación para, además de informar y entretener, lanzar  mierda a sus televidentes. Hasta la vicepresidenta María Fernández de la Vega ha intervenido para dar un tirón de orejas a los amos de las televisiones. Unos dicen que es mejor que se autorregulen ellas mismas –las teles-, otros que hay que prohibir y algunos escupen sobre la pantalla asqueados al comprobar que  tanto hablar no está sirviendo para nada.

El drama provocado por los que agreden a las mujeres porque no las consideran iguales que ellos, no se cuenta sólo por el número de asesinadas. Hay que sumar el sufrimiento de los hijos y familiares que quedan vivos,  y el dolor en silencio de las que se salvan del atentado machista. Y con  las que ya están en el ojo de mira de los que engordarán el listado de criminales en cualquier momento, ¿qué pasa? El recuerdo de que más de una, y de dos, y de tres, y de cuatro, y de cinco, y de seis perdieron la vida después de estar en un plató televisivo, podría servir de experiencia a los gobernantes.

Las teles, enganchadas a la publicidad necesaria para sus cuentas de resultados, se lo pensarían dos veces si los que más  anuncios pagan se cuestionaran insertarlos en medios con vertedero. Los que gestionan la  publicidad institucional podrían castigar  a los de la basura y los televidentes podrían hacer  huelga de ojos cerrados a  los canales de la indecencia.

El objetivo: que  en 2008  los asesinos  cuenten con menos cómplices pasivos.
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