Hasta los republicanos más ardientes deben reconocer que el Rey se ha vuelto más Rey después de que su Casa desmintiera el anuncio del ministro Moratinos a Hugo Chávez de que el Príncipe de Asturias le llevaría un mensaje de Don Juan Carlos para que le perdonara su “¿Por qué no te callas?”
El responsable de Exteriores pretendía implicar al Rey en una humillante iniciativa sin consultársela, pensando que así apaciguaría al caudillo venezolano y que embridaría al monarca doblegándolo ante el espadón: como si fuera igual que Carlos IV cuando le entregó la Corona a Napoleón para alegría de Godoy, Príncipe de Paz.
Pero el desmentido ha venido a marcar distancias entre lo que el Gobierno puede o no ordenarle a esta Corona, que ha reaccionado ahora como la Veja España que muchas veces mantuvo el honor como gran distinción.
Porque un rey no puede mancillar públicamente su honor sólo por motivos económicos, algo que el relativismo gubernamental quería imponerle.
Los intereses de las empresas españolas en Venezuela –bancos, petroleras-- son los de sus accionistas, pero no los de los españoles, y lo mismo que se mueven para obtener beneficios están expuestos a perderlos.
En cuanto a Miguel Ángel Moratinos: era un buen diplomático antes de llegar a ministro. Pero en ese momento se sometió a la Segunda Ley de Peter, según Murphy: “Al ascender, se descubre a los ejecutivos que han llegado a su nivel ideal de incompetencia”.
Incompetencia mostrada nada más ser nombrado ministro, cuando proclamó en un debate televisivo, como si fuera un atolondrado Gran Hermano, pero no un político responsable, que Aznar había aplaudido en 2002 el golpe de estado contra el exgolpista Chávez .
Desde entonces, Moratinos ha seguido con magnífico aprovechamiento a Murphy.