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¡Pobre Mickey!

¡Pobre Mickey!

jueves 01 de mayo de 2008, 18:00h

Hace un par de semanas, un reportero de la agencia de noticias Reuters le sacó en Brasil una fotografía al comandante venezolano Hugo Chávez en la que éste salió, por efecto de unas sombras de fondo, con cierto parecido al ratón Mickey. Y lo que en cualquier país civilizado hubiera sido tomado como un descuido o, quizá, como una picardía del fotógrafo, desató la ira del régimen chavista y de sus corifeos, quienes acusaron a Reuters de practicar “terrorismo mediático”, de asistir a reuniones en el Pentágono “donde se diseña la agenda informativa mundial” y de integrar “un plan de Estados Unidos y la CIA para debilitar la imagen del mandatario”.

Esta descarga de burdas insensateces a partir de una simple fotografía demuestra, una vez más, el grado de demencia que exhibe en su accionar, día tras día, la banda de forajidos que está al frente del gobierno en Venezuela. Una banda loca, sí, pero también muy peligrosa para ese país y para el resto de América Latina por la cantidad de dinero que maneja desde que el precio del barril del petróleo empezó a subir sin parar.
La banda y el autócrata que la dirige, además de ser dementes y forajidos, han probado por enésima vez que pese a haberse adueñado de los titulares durante los últimos años, distan mucho de ser inteligentes. Porque, ¿qué mejor para el bruto de Chávez que lo comparen con el bueno de Mickey?
En todo caso, la comparación es injusta con el ratón creado en 1928 por Walt Disney, pero no con Chávez. Mickey es un personaje adorable, que ama a su novia Minnie, protege a su perro Pluto, defiende valores como la amistad, la tolerancia y la libertad y, sólo cuando tiene que hacerlo, pelea contra los malos.

Chávez, en cambio, es mucho más parecido a “Pete Pata de Palo”, un matón que siempre le trata de hacer daño a Mickey, secuestra a Minnie, se abusa de los que cree más débiles y es enfrentado por Mickey quien, a pesar de las diferencias físicas, acaba derrotándolo. “Pete Pata de Palo” es malo y patotero y, como todo patotero, cobarde.

De cualquier manera, Mickey nunca baja la guardia ante el gigantón que cree poder arrasar con todo a su antojo. Cuando se siente seguro, “Pete Pata de Palo” hace gárgaras de su supuesta superioridad. Es un bufón. Precisamente, la semana pasada, en la revista “Veja”, el reconocido historiador brasileño Marco Antonio Villa describió al “comandante bolivariano” como un bufón. “Él coinstruyó un personaje”, dijo. “Es un militar de boina roja que se emociona, llora y canta en público. En un momento es simpático. Al minuto siguiente, aparece totalmente airado. El bufón es eso. Nunca se pueden prever sus actitudes. Puede abrazar a un crítico o mandarlo a prisión. Su conducta no se rige por el mundo racional. El bufón trabaja en otro universo”.

El problema es que, mientras “Pete Pata de Palo” es apenas un dibujo animado, Chávez es el presidente real de un gobierno peligroso que, como recuerda Villa, “compra fusiles, cazas y hace acuerdos con Irán”. Sólo durante el año pasado, Venezuela fue el mayor importador de armas de América Latina y gastó 887 millones de dólares por ese concepto, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).
Por eso, si es que quiso hacer una picardía, el fotógrafo de Reuters se equivocó de personaje. Chávez y Mickey no tienen nada que ver.

Claudio Paolillo (*)
cpaolillo@busqueda.com.uy

El autor es Director del semanario uruguayo “Búsqueda” y Vicepresidente Regional para Uruguay de la Sociedad Interamericana de Prensa

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