El “búlgaro” Mc Cain
lunes 12 de mayo de 2008, 18:31h
Las primarias nortamericanas que encantan a algún comentarista español no son algo muy distinto al sistema de compromisarios de nuestros partidos, salvo en lo que respecta al carácter presidencial del consolidado bipartidismo norteamericano. Elecciones de partido para nominar delegados para unas convenciones que son las que elegirán finalmente a los candidatos que ofrecerán al auténtico voto popular.
En este peculiar proceso estamos viendo dos modelos. El Partido Republicano se ha unido y estabilizado en torno al senador Mc Cain como oferta unitaria. Este partido salía con la desventaja de ir contra corriente del presumible cansancio tras dos presidencias consecutivas republicanas. Su convención confirmará a un solo candidato de consenso. Como aquí dicen algunos, una convención “a la búlgara”, haciendo injusta referencia a las asambleas de aquel país europeo cuando aún estaba a la sombra de una dictadura comunista de partido único.
El Partido Demócrata arrancaba como favorito, con el viento de cambio a favor, pero no está actuando “a la búlgara” sino brindando al público un duelo encarnizado entre Hillary Clinton y Barak Obama. La lucha entre los dos candidatos está rebajando la ventaja inicial del Partido Demócrata y favoreciendo al “búlgaro” Mc Cain. Esta situación solo gusta a un parlanchín hombre de radio ajeno a la batalla, el pintoresco locutor Rush Limbaugh, especialista en arengas radiofónicas en sus interesadas interferencias. La estrategia del avispado radiofonista, inclinado instintivamente hacia la extrema derecha, es prolongar la atención mediática, según él, para favorecer a los republicanos, lo que no deja de ser consecuente con sus ideas aunque la verdad es que solo trabaja para favorecer la cuenta de resultados de su emisora.
Como se verá, en todas partes cuecen habas radiofónicas. Pero el resultado es que dos dignos rivales se están desfigurando hasta convertir a Hillary en una especie de madrastra de Blancanieves y a Obama en un submarino de todos los resentimientos racistas, mientras mejoran las expectativas del “búlgaro” Mc Cain como oferta convenida de un partido sensato. De lo que debemos deducir que el “búlgaro” ha sido bien aconsejado mientras los demócratas han picado el anzuelo de la intensidad mediática y las encuestas empiezan a detectar que un tercio de los antes fieles demócratas partidarios de Hillary estén dispuestos a votar antes al “búlgaro” Mc Cain que al demócrata Obama.
Aquí hay quien pretende convencer a su audiencia que animar este tipo de espectáculos entre dama y caballero es una forma de ayudar al Partido Popular. Pero estas escaramuzas no pescan voto popular sino que solamente desorientan a algunos radioescuchas de los que acaban dilapidando su voto en la abstención o en cualquier aventura personal sin capacidad de alternativa de gobierno. Parece mentira que aún pueda haber ingenuos que crean en la buena fe de quienes inspiran discordias y tachan de “búlgara” la capacidad de propuesta unitaria de un partido político.