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Festival de Otoño: "La noche de la iguana"

martes 28 de octubre de 2008, 17:53h
Actualizado: 29 de octubre de 2008, 13:49h
Se cumplen 25 años de la muerte del escritor Tennessee Williams. La compañía teatral madrileña de Tomás Gayo ha querido recordarlo poniendo en escena “La noche de la iguana”. Celebra así también sus veinte años como empresa teatral privada.
“La noche de la iguana” fue escrita en 1961 y en Madrid se vio tres años más tarde. María Luisa Ponte, Lina Rosales y Andrés Mejuto fueron los protagonistas, dirigidos por González Vergel.

El Festival de Otoño de este año ha querido presentar en varias localidades este nuevo montaje. Se verá el día 1 de noviembre en el Centro Cultural García Lorca, de Las Rozas, y el día 15 en la casa de cultura Carmen Conde de Majadahonda.

Triángulo amoroso
Cuando Williams escribió esta comedia Puerto Vallarta (México) no era el destino turístico que hoy conocemos. Sus atractivos comenzaban a atraer visitantes norteamericanos en busca de emociones. En ese escenario situó al protagonista, el doctor Lawrence, un religioso renegado por su afición a las damas. El tórrido trópico parecía propicio a desatar pasiones y “La noche de la iguana” las plantea entre la dueña de un hotelucho –Maxine-, una madura pintora –Hannah- y el exsacerdote. Son como tres reptiles atrapados en un terrario, como la metafórica iguana del título, atrapada por los nativos mexicanos. Dudas, remordimientos, alcoholismo... un sombrío panorama que no parece llevar a ningún buen puerto. Como ejemplo de la ruina física que amenaza a los personajes, el poeta más viejo del mundo, empeñado en redactar su obra maestra y casi póstuma.

Una cabaña junto al mar
María Ruiz dirige este montaje que protagonizan Ana Marzoa, Tomás Gayo, Pilar Velázquez, Juan Antonio Quintana, Sara Casasnovas, Geli Albadalejo, Carlos Velasco, Alexander Samaniego y Mundo Prieto. Los sitúa en una cabaña junto al mar, que siempre oímos de fondo. Son unas pocas horas en las que entran y salen de escena personajes de todo tipo, arquetipos humanos, como la solterona amargada, la joven desinhibida o los nativos un tanto exóticos para las gentes norteamericanas. Pero, por encima de todos ellos, están los tres protagonistas al borde de las tentaciones, cuando no cayendo en ellas.

Hoy quizá estos conflictos se presenten más descarnadamente, más desvergonzadamente. Pero hace cuarenta años, la moral puritana obligaba a los escritores a usar claves y metáforas para narrar la miseria humana. En ese terreno, Tennessee Williams se movió con maestría y esta obra obtuvo el premio de la crítica teatral de Nueva York. Esperemos que tras el Festival de Otoño, el montaje tenga cabida en algún teatro de la Capital para hacer temporada normal.
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