Juan Pablo II se podría sentir hoy orgulloso. Aquella pluma que bendijo en su visita a Madrid ha escrito esta vez con renglones derechos. Es la pluma de
Pilar Urbano, que ha tenido la habilidad de hacer que la Reina de España le confíe en un libro sus posturas antiabortistas, anti matrimonio entre homosexuales, anti eutanasia y partidaria de que a los niños se les enseñe religión en los colegios. Ni
Rouco Varela con sus proclamas integristas y su participación en manifestaciones con gorrica, ni su portavoz, el padre
Martínez Camino, habían logrado jamás una proclama tan efectiva y solemne a favor de la intromisión de la más ortodoxa de las doctrinas católicas en la vida diaria de los españoles. Y sin duda es una de las más sibilinas campañas de propaganda doctrinal del Opus Dei, organización a la que la periodista pertenece como miembro numerario. Le viene muy bien a la Obra, alicaída desde hace tiempo en su influencia social y puesta en entredicho –y quizás en evidencia- en algunos niveles sociales tras el estreno de la película
“Camino”, de
Javier Fesser. Otra cosa es que esta polémica, que va a convertir el libro en otro éxito de ventas de la editorial Planeta, le venga bien al país y a la monarquía.
La lectura positiva es que el esposo de doña
Sofía, el Rey
Juan Carlos, pese a conocer las opiniones de su consorte, sancionó la ley reguladora del aborto y la ley que posibilita los matrimonios entre homosexuales, y en nada imitó a
Balduino de Bélgica, quien en 1990 “
abdicó” durante 36 horas para no sancionar una ley aprobada por el Parlamento belga que permitía, ya entonces, la interrupción voluntaria del embarazo en determinados supuestos. Sabíamos que Rouco y Martínez Camino invocaron el ejemplo del monarca de los belgas hace tres años cuando Juan Carlos debió estampar su firma en el Boletín Oficial del Estado para hacer posible los matrimonios entre personas del mismo sexo. La duda que surge ahora es si en su propia Casa le sugirieron algo similar.
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La lectura negativa es que colectivos de homosexuales, de ciudadanos y ciudadanas que aceptan la regulación del aborto, quienes creen que es razonable una regulación de la eutanasia, los que piensan que las catequesis deben hacerse en la Iglesia y no en las escuelas a cargo del contribuyente, lo que piensan, en fin, que la religión, sea cual fuere, no tiene derecho a mandar en sus vidas, todos ellos consideren que su Reina se ha olvidado de ellos. Porque, según la Constitución, doña Sofía es también la Reina de los gays, de los abortistas, de los laicos…de todos los descreídos de buena fé con DNI español.