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Pablo Justo, director de El Pinar II

"Muchos menores no perciben riesgos en la droga"

viernes 13 de marzo de 2009, 12:30h
Actualizado: 14 de abril de 2009, 10:19h
El centro de reeducación El Pinar II, dependiente de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI) y gestionado por la Fundación Grupo Norte, ha puesto en marcha un programa pionero para reeducar a jóvenes con problemas de drogodependencias. Su director, Pablo Justo, desvela a Madridiario los secretos de su labor.
¿Cuál es la labor que se desarrolla en este centro?
El Pinar II es un centro dependiente de la ARRMI, agencia de la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior que se encarga de la ejecución de las medidas judiciales que imponen los jueces de menores. Se abrió en 2004 con la idea de que fuera de internamiento en régimen semiabierto, pero con el paso del tiempo ha ido sufriendo modificaciones y a día de hoy tenemos internos en distintos tipos de internamiento: en régimen cerrado, semiabierto y abierto. La razón es que de un tiempo para acá, los centros se están especializando con distintos programas. Aquí desarrollamos el de prevención y motivación para el abandono del consumo de sustancias tóxicas. También estamos acogiendo a todos aquellos menores y jóvenes con delitos de maltrato familiar ascendente que no tienen cabida en El Laurel, centro especializado en este tipo de menores también gestionado por la Fundación Grupo Norte, y les aplicamos el mismo programa que allí se lleva a cabo.

¿Cuántas plazas tiene El Pinar II?
Es un centro mixto de 26 plazas. Tenemos dos grupos de doce habitaciones cada uno y otras dos habitaciones de separación de grupo. Esas habitaciones nunca se han utilizado para ese fin, sino que se usan para dar cobertura a otras derivaciones normales cuando resulta necesario, es decir, como dos habitaciones más.

¿En qué consiste el programa de drogodependencias que aquí se lleva a cabo?
Este programa nació de un estudio elaborado por el Plan Nacional sobre Drogas. Pretende mejorar la intervención en los centros de ejecución de medidas judiciales de cara a la prevención del consumo de sustancias. Así, se detectó que la población que nosotros atendemos tiene unos índices de consumo de drogas superiores a los del resto de la población. El contacto con las sustancias se produce en estos jóvenes a edades más tempranas, tienen un acceso más fácil, sobre todo por el círculo social en el que ellos se desenvuelven, y cuentan con una percepción del riesgo muy baja. Su edad —atendemos a jóvenes de 14 a 23 años— ya es, en sí, un factor de riesgo.

¿Qué diferencias hay entre este programa y el internamiento en régimen terapéutico?
Este es un programa para la prevención y motivación para el abandono. Aquí se hace una aplicación universal para todos los chicos, ya que el cien por cien de los menores que recibimos han coqueteado alguna vez con sustancias tóxicas. Después se hace una intervención selectiva, por grupos. Es decir, se puede homogeneizar, por ejemplo, la de aquellos que tienen padres alcohólicos. Y por último llevamos a cabo una atención individual, con tutorías personalizadas para cada uno de los chavales.

¿Qué porcentaje de los menores infractores consumen o han consumido drogas en la región? ¿Cómo se relaciona esto con sus conductas delictivas?
No hay datos oficiales, pero según mi experiencia todos los chicos que han llegado al centro han coqueteado alguna vez con algún tipo de droga. Los chicos que tengo a día de hoy con problemas graves de consumo están, en su mayoría, sujetos a medidas judiciales por robos que han llevado a cabo para conseguir dinero para esas sustancias.

A la hora de reeducar a estos chicos, ¿en qué aspectos hay que incidir especialmente?
Se trabajan todos los ámbitos de los menores, desde el círculo social del que proceden hasta la familia. Entendemos que es aquí donde tenemos que potenciar los factores de protección frente a los factores de riesgo. El trabajo es individualizado: como en cualquier otro programa, una comisión de orientación evalúa cuáles son los factores de riesgo que se pueden detectar en el chaval para trabajar sobre ellos.

Se trata, entonces, de prepararlos para que no consuman una vez que vuelvan a su entorno.
Eso es. El objetivo del programa, aparte de que el centro es un espacio absolutamente libre de droga, consiste en que los chicos consumidores ya no lo hagan cuando abandonen el centro y los que, a pesar de haber coqueteado con las drogas, no consuman habitualmente, se mantengan sin hacerlo.

¿Cuáles son las drogas más consumidas por los menores?
Sobre todo cannabis y alcohol, pero también tabaco y, en menor medida, cocaína y drogas de diseño.

¿Cuáles son las principales dificultades que encontráis en vuestra labor diaria?
Sobre todo los mitos y las creencias respecto a estas sustancias. Tienen una percepción muy baja del riesgo de consumir drogas. Por eso tratamos de hacerles ver el problema que puede suponer eso. Ahora solo hay seis chicos con problemas reales de consumo, en régimen terapéutico.

¿Les cuesta asumir que tienen un problema con las drogas?
El centro recibe a chicos con internamientos en régimen terapéutico y otros que, aunque no estén sujetos a ese régimen, que es voluntario, sí tienen un problema de consumo. A estos los motivamos para que cumplan su medida de forma terapéutica, porque a veces son reacios. Además, antes eso suponía un cambio de centro, de educador y de régimen de vida, y pensaban que se les iba a tratar como a 'yonquis'. Ahora, con este programa, los chicos que consumen sustancias vendrán a este centro y trataremos de que lo admitan y de hacerles más atractiva la posibilidad de someterse al régimen terapéutico. Será más sencillo que lo hagan si saben que van a quedarse en el mismo centro, con el mismo sistema de privilegios y con el mismo educador tutor.
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