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¿Estamos locos o qué?

La columna de Gema Lendoiro: 'Ciao Berlusconi'

La columna de Gema Lendoiro: "Ciao Berlusconi"

lunes 04 de mayo de 2009, 11:55h
Actualizado: 07 de mayo de 2009, 07:36h

Siempre he tenido a los machos italianos como personas muy cercanas a la interpretación y al histrionismo. Especialmente de Roma hacia abajo. En nuestro vecino país pasa como en España: de la mitad hacia abajo el folclore se exacerba. En España a ritmo de castañuelas, en Italia moviendo más (si cabe) las manos.

No exagero. Cualquier muchacha en edad de merecer sabe qué supone viajar a Italia sin compañía de hombres. En menos de dos hectáreas recibes tres proposiciones deshonestas y cuatro de matrimonio. Los chicos italianos en general pueden perseguirte por la calle con el único objetivo de conseguir tu teléfono. Las tres primeras veces te ríes y te hace gracia. Las restantes lo ves como un suplicio, como un impuesto más qué pagar al viajar a Italia.

Berlusconi es el mejor ejemplo para demostrar este tipo de hombre que en el fondo no es más que un machista trasnochado y carente de todo tipo de interés. Pero la cuestión es que Silvio es, además, primer ministro. Hace unos días comenté en esta misma columna de cómo su esposa, Verónica Lario, se había hartado de su marido y lo había criticado por incluir en las listas europeas a muchachas cuya únicas virtudes eran las de la belleza y unas delanteras bien puestas.

Ahora Verónica se ha hartado de verdad y pide el divorcio. Bien por ella. No era ejemplar protestar y seguir preparándole espaguetis por la noche. Las reacciones del que todavía es su marido no se han hecho esperar y son idénticas a las que aplica en política; “la culpa, dice, la tienen los malos que conspiran contra mí”. ¡Ay Silvio, qué barbaridad, qué pobrecico hombre eres y qué injusta es la vida contigo!

Lo cierto es que en España tenemos un presidente que parece que no gusta, que parece que hace las cosas peor que mal pero, al menos su vida privada la mantiene bien al margen. Es que, de verdad, entre Sarkozy dándole besitos a Carla delante de cualquier mandatario y este hombre que no hace más que desprestigiar a su mujer y a la condición femenina en general no nos hace falta debatir ni de crisis, ni de gripes porcinas ni de nada que pueda resultar relevante. Tenemos un auténtico vodevil rodeando nuestras fronteras. Quién se aburra será porque quiere.

Verónica, enhorabuena. Lo tuyo es de cajón. Es más, Benedicto XVI debería concederte ipso facto la nulidad eclesiástica. No se puede estar casada con un borrego absurdo y lleno de complejos estériles.

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