Como en los tiempos de los gobiernos a los que se tildó de enemigos de la educación fiscal, miles de maestros marcharon el lunes último, para rechazar la evaluación de su desempeño que establece el Ministerio de Educación. Pero, ¿es realmente esto lo que motivó a sus dirigentes? ¿Acaso no buscan, pasadas las elecciones, dar una muestra de su fuerza al Gobierno?
Sus dirigentes dijeron no estar contra esos exámenes, sino contra el procedimiento que se quiere seguir. El antecedente es devastador, pues pruebas anteriores dejaron un saldo lamentable desde el lado de los maestros.
Sin embargo, pese al llamado de la Unión Nacional de Educadores (UNE) muchos docentes decidieron asistir a sus aulas.
O pesó sobre ellos la amenaza de descontarles el sueldo si asistían a las manifestaciones o ha mermado el poder de convocatoria de la UNE y su soporte político, el Movimiento Popular Democrático (MPD), quien a pesar de ello esta semana se pronunció por un “apoyo crítico” al régimen correísta.
Ese “apoyo crítico” tal vez sea como el que pusieron en práctica en Montecristi, en los días de la Constituyente. Y, en consecuencia, la cabeza que reclaman es la del Ministro de Educación. Sin embargo, cabe preguntarse si las políticas que se implementan en un área que el presidente Correa considera, y con razón, estratégica, pueden ejecutarlas a sus espaldas.
En medio está un magisterio abnegado, al que unos y otros suelen manipular a su antojo. Hasta que más temprano que tarde tome conciencia de quiénes en realidad son sus expoliadores.