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San Isidro. 13ª de feria.

Toros inválidos y un presidente cómplice se cargaron la corrida

Toros inválidos y un presidente cómplice se cargaron la corrida

· En Las Ventas, trituramos los precios. Por M.Martínez Fraga, de la Asociación El Toro

miércoles 20 de mayo de 2009, 10:13h
Actualizado: 21 de mayo de 2009, 19:03h

Tres toros de PEÑAJARA,bien presentados, pero inválidos. Y tres sobreros con trapío: 1º de TORRES GALLEGO, complicado; 3º de MARÍA CASCÓN, mansote, y 6º de PÍO TABERNERO, manejable. MIGUEL ABELLÁN : silencio; silencio. SERAFÍN MARÍN: silencio tras aviso; silencio. EL PAYO: silencio tras aviso; vuelta con algunas protestas. Plaza de Las Ventas, 20 de mayo. 13ª de abono. LLeno.
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Decíamos/escribíamos del festejo anterior, con motivo de los toretes de Núñez del Cuvillo que se trajeron las figuritas para Madrid que "la Fiesta está manipulada por los taurinos con la complicidad de presidentes y veterinarios". Y el usía del festejo siguiente, al que corresponde esta crónica, Julio Martínez, nos ha dado una vez más la razón.

Porque, sí, devolvió a corrales a tres de los bicornes anunciados de Peñajara, pero si en realidad hubiera defendido los intereses de los aficionados, de los 'paganos', debería haber sacado el moquero verde con los seis podridos inválidos de esta divisa. De modo que nos redujo el festejo a la mitad en este aspecto y, a la par, ahorró tres toros a la empresa...

Así que, aunque serían las del alba cuando apareció por chiqueros el último burel -o sea, las nueve y media-, la corrida había acabado mucho antes, con la torera competencia en quites que protagonizaron en el de la confirmación de El Payo éste y su padrino Miguel Abelán. Verónicas, chicuelinas, delantales, revoleras y alguna media festonearon el único momento artístico del festejo con el percal.

Entregado con la flámula

Porque luego, con la flámula, el toricantano se limitó a estar más o menos entregado ante este sobrero de Torres Gallego, tampoco sobrado de fuerzas, que desarrolló algo de sentido. Algo más subió la temperatura artística del mexicano, ahora con la flámula, con el que cerró plaza, al que extrajo algunas cortas series sobre ambos pitones y despenó con acierto antes de darse una vuelta al ruedo que ojalá le sirva porque apunta cosas de interés.

Al menos tuvo la suerte de no matar ninguno de los podridos bureles de Peñajara, con los que sólo era posible despenarlos. Suerte que sólo acompañó a medias a Serafín Marín, que en lo poco que le duró el sobrero de Cascón demostró que no ha perdido el temple, pero sí el sitio y la facilidad de que gozó otrora.

Y suerte que no acompañó a un decidido Abellán, que, como Marín en su otro enemigo, pechó con dos invalidísimos cadáveres semovientes, condición que vio y protestó toda la gente menos el que tenía la opción legal de devolverlo, y por tanto nada hay que contar de las faenas del coletudo. Pero sí recordar ese grito del sanedrín sabio del 7: "¿a quién defiende la autoridad?". Escriba aquí cada uno lo que crea.

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