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Preocupa a gobiernos actitud de Honduras

Preocupa a gobiernos actitud de Honduras

Mientras México confirmó hoy que en este momento no hay posibilidades de asilar a Manuel Zelaya, quien sigue en la embajada de Brasil en Tegucigalpa tras su frustrada salida de Honduras, varios Gobiernos reaccionaron de forma dispar aunque la mayoría con preocupación ante ese episodio.

El Gobierno de facto de Honduras rechazó la noche del miércoles "por improcedente" la solicitud de salvoconducto para que el depuesto mandatario viajara a México, aunque hoy aclaró que "sigue abierta" la posibilidad de otorgárselo, siempre y cuando se presente el pedido "cumpliendo con los requisitos legales".

La cancillería de la Administración de Roberto Micheletti confirmó que sólo aceptará la posibilidad de que Zelaya abandone el país como asilado político, lo que implicaría una renuncia a la Presidencia.

Zelaya permanece desde el pasado 21 de septiembre en la delegación diplomática brasileña, adonde llegó en secreto tras un exilio desde el golpe de Estado y su envío a Costa Rica por los militares el 28 de junio, cuando el Parlamento designó a Micheletti para sustituirlo.

Según explicó este jueves la canciller mexicana, Patricia Espinosa, dicha solicitud para acoger al destituido gobernante hondureño partió del propio Zelaya y el Gobierno mexicano no mantuvo contacto con el Ejecutivo de facto encabezado por Micheletti durante este proceso.

Ante el más reciente episodio en la crisis política generada tras el golpe de Estado, el canciller de Venezuela, Nicolás Maduro, afirmó hoy en Brasilia que la negativa del Gobierno de facto de Honduras de permitir la salida de Zelaya del país "volvió a demostrar que los golpistas no tienen palabra".

Maduro, quien hoy se entrevistó con su homólogo brasileño, Celso Amorim, dijo a periodistas que Venezuela desconocía la frustrada negociación que existía para facilitar el viaje de Zelaya hacia México, pero dijo que la apoyaba "solidariamente".

Maduro reafirmó que Venezuela no reconocerá "de ninguna manera" ni el proceso electoral del pasado 29 de noviembre, ni tampoco a Porfirio Lobo, elegido presidente en esos comicios.

"Montaron un gran fraude", afirmó Maduro, quien apuntó que "no se puede permitir que venga una dictadura, monte un proceso electoral fraudulento y haya Gobiernos latinoamericanos que vengan a decir que hay que pasar la página", en alusión a los países que reconocieron tanto el proceso como la elección de Lobo.

Igual de crítico con la decisión de Tegucigalpa se mostró Amorim.

"Es inaudito. No pueden impedir la salida. Eso demuestra la total marginalidad de ese Gobierno en relación a las normas internacionales", afirmó Amorim, quien recalcó que su mayor preocupación es la seguridad de Zelaya y sugirió que intercedan en la crisis los países que mantienen "diálogo fluido" con el Gobierno de Micheletti.

Amorim afirmó que el propio Zelaya solicitó a Argentina y Brasil que intercedieran para lograr que pudiera llegar a México, lo que fue impedido por el Gobierno de facto, que le negó el salvoconducto para abandonar la embajada brasileña en Tegucigalpa.

El canciller brasileño consideró que la situación debe suponer una "frustración muy grande" para EE.UU. cuya diplomacia se comprometió "más" que la brasileña. "La frustración viene de haber sido excesivamente tolerantes con un Gobierno golpista", afirmó Amorim, en alusión al Ejecutivo estadounidense.

Sin embargo, hoy mismo el Gobierno de facto hondureño instó "una vez más" a Brasil " a definir "el estatus jurídico" bajo el que permanece en su embajada en Tegucigalpa Zelaya.

Más prudente se mostró el portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, Philip Crowley, quien indicó que su país seguirá conversando con las naciones de la región y con México sobre cómo avanzar en Honduras.

"Apoyamos cualquier paso que se pueda dar y que ayude a Honduras avanzar en este periodo de transición, pero la decisión de si el presidente Zelaya decide permanecer en la embajada de Brasil o acepta eventualmente la oportunidad de trasladarse a otro país es suya" en última instancia, señaló Crowley.

Además, el secretario de Estado adjunto de EE.UU. para América Latina, Arturo Valenzuela, pidió hoy a los países latinoamericanos, especialmente a los centroamericanos, que hagan un "esfuerzo final y colectivo" para una solución definitiva de la crisis en Honduras.

Por su parte, el ministro de Exteriores salvadoreño, Hugo Martínez, aseguró que lo sucedido anoche obstaculiza la solución de la crisis en la región.

"Cualquiera que haya sido el acuerdo sobre una posible salida del presidente Zelaya, el entorpecimiento de ese proceso sí afecta al clima de distensión que se debe generar para una salida de la crisis", señaló Martínez en una conferencia de prensa en Washington.

"Lo peor que puede pasar tras esta crisis es que la fractura ocurrida en Honduras se traslade al istmo centroamericano", aseguró Martínez, quien añadió que pese a que su Gobierno ha condenado en varias ocasiones la ruptura del orden constitucional, no pueden "ignorar los acontecimientos del 29 de noviembre".

Según el ministro, los comicios que ese día dieron la victoria a Porfirio Lobo "son parte de la solución a la crisis".

En el mismo sentido se pronunció el presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, quien reiteró hoy que la única forma para poner fin al Gobierno de facto de Honduras tras el golpe de Estado de junio pasado es reconocer las recientes elecciones generales.

Sobre lo sucedido anoche, afirmó: "Desconozco para dónde se va el señor Zelaya, pero más de dos millones de hondureños salieron a votar de forma democrática y pacífica y debemos reconocer la voluntad democrática del pueblo hondureño".



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