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Los hijos de la revolución

Los hijos de la revolución

 Según la antigua mitología griega, Crono dios del tiempo humano,  se comió a sus  hijos tratando de impedir que se cumpliera la profecía conforme a la cual sería destronado por uno de éllos; al final se salvó uno, Zeus, al ser escondido por su madre quien engañaría al dios dándole a comer un peñasco envuelto en una manta que simulaba al recién nacido. En la vida real como en las revoluciones, también ocurre algo parecido aunque sin oráculos, ni profecías, pues ya no hacen falta como excusa o argumento.

La naturaleza humana, a veces tan aferrada al poder, resulta ser una explicación más que suficiente.  Ejemplos sobran, tanto en la Revolución Francesa, como en la Rusa,  dos de las más conocidas. En la primera, la lista es inmensa: Hébert, Brissot, Danton, Marat, Couthon y el propio Robespierre, por mencionar solo algunos de sus “hijos” más notables.  En la segunda, ocurrió algo parecido, Kámenev, Zinoviev, Sokólnikov, Bujarín, Yezhov, Tujachevsky, Yagoda, y Trostky, entre muchísimos otros, fueron asesinados por ordenes de Stalin, pero con la diferencia de que en la revolución bolchevique, las purgas no solo condujeron al asesinato de miles de personas, sino también a su destierro político y humillación pública, con cartas y “confesiones de errores” contra la revolución que al final de nada sirvieron, pues en muchos de esos casos, fueron igualmente ejecutados y perseguidos, y hasta asesinados  esposas e hijos.

Mucho más nuevos son los casos en Cuba, del vicepresidente Carlos Lage y del Canciller Felipe Pérez Roque quienes cayeron en desgracia a causa de las ambiciones de pode que, según Fidel Castro, los condujo a desempeñar un “papel  indigno”. Aquí, las confesiones  en cartas públicas tampoco se hicieron esperar. Esta “ética revolucionaria” fue la que le aplicaron, también, al General Arnaldo Ochoa, jefe de las operaciones en Angola, el más condecorado de los oficiales y héroe de la revolución cubana,  quien en 1989 fue fusilado junto a los militares Jorge Martínez, Antonio De La Guardia, y Amado Padrón por órdenes del régimen de Castro, después de un Juicio público que recuerda  los “Procesos de Moscú” del estalinismo soviético, entre 1936 y 1938, con simulacros de juicios, confesiones públicas, etc..  Ochoa fue acusado, junto a  otros trece implicados, de tráfico de cocaína, diamantes y marfil,  además de avergonzar a la revolución con actos de alta traición. Durante el juicio se le acusó igualmente, de incumplimiento de deberes militares y pérdida de vidas en Angola. El militar jamás admitió ser culpable de narcotráfico. Meses antes, Ochoa había manifestado sus simpatías por Gorbachov y la apertura soviética. Son muchos quienes aseguran, que Hubert Matos, Camilo Cienfuegos y el mismísimo Che Guevara, capturado y asesinado en la selva boliviana, pueden apuntarse en la lista de hijos ilustres tragados por la revolución de la isla.

Mientras tanto, en Venezuela, la revolución del “socialismo del siglo XXI”, también se ha engullido  a unos cuantos de sus hijos, padres y hermanos. La lista aquí es kilométrica, aunque no tan sangrienta, pero igualmente aleccionadora. No se salva nadie; al igual que en la francesa, la rusa o la cubana, también tenemos nuestros Robespierre, Kámenev e incluso Ochoa. Todos quienes la apoyaron desde el principio, pasando por los que la resucitaron y consolidaron durante y después de los sucesos de abril 2004, con golpes de pecho y rasgadura de vestiduras incluida, hasta los que crearon listas indignantes o se arrodillaron frente al “patria, socialismo o muerte”, han sido tocados por el apetito insaciable de la revolución chavista.

 No voy a nombrarlos, porque todos los conocemos.  A ellos habría que añadir los recientes pases de factura a varios representante de la “boliburguesia  revolucionaria”, Ministro Chacón incluido, que dirigían los bancos del Estado, intervenidos recientemente, y que suponen  la  estafa a los dineros públicos  y red de corrupción mas grande de la historia venezolana

Y eso que a diferencia del caso cubano, en Venezuela, Chávez aun no se ha atrevido a acusar a ninguno de sus protagonistas de “avergonzar a la revolución”  o de desempeñar un “papel indigno” porque, entonces, la lista sería interminable.
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