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Derrumbes, muertes y tragos

Derrumbes, muertes y tragos

Afines del año pasado varias ONG rurales de Bolivia y del sur del Perú, que estábamos haciendo un intercambio conjunto de experiencias rurales, lloramos la pérdida de 14 compañeras y compañeros, mayormente del campo, y otras 20 heridas porque su autobús se desbarrancó en un mal camino rural. Fue uno más de tantos y tantos casos. El primer mes del 2010 ya ha contado 67 muertos por accidentes semejantes, aparte de los que posiblemente no llegaron a registrarse.

Tuvo resonancia internacional el caso de aquellos chilenos que llegaban al país en vísperas de la posesión de Evo y cuyo bus chocó de noche con un camión parado en pleno asfalto y sin señales. Los cadáveres ni siquiera pudieron ser acomodados en la morgue por problemas burocráticos de papeleo. La presidenta chilena Bachelet envió enseguida un avión para recogerlos, algo que no logró hacer nuestro gobierno un par de meses antes para llevar a Tarija a los cadáveres de campesinos chapacos en el otro accidente arriba mencionado.

Hay casos explicables por ser el nuestro un país tan tremendamente arrugado y a la vez subdesarrollado, con recursos insuficientes para atender tanta necesidad. Otros muchos se deben a fallas humanas que si nos esforzamos entre todos podremos subsanar: mal estado mecánico sin tomar previsiones, choferes inexpertos, insuficiente control por parte de Tránsito, o simplemente actos delictivos como manejar sin brevet, policías mal pagados que hacen la vista gorda quizás por unos pesitos.

Demasiadas veces la causa son unas copas de más. Hace pocos días ello ha provocado incluso un innecesario derrumbe político, pues lo protagonizó un prominente candidato ebrio, esa vez, por suerte, sin muertes de por medio. Ocurrió nada menos que un día después de que su correligionario Presidente promulgara un decreto duro pero muy oportuno frente a esa cultura incontrolable e irresponsable de conducir chupados sin medir las consecuencias. ¿Es parte de la cultura aymara? Ahora quizás sí, por su apropiación de elementos muy coloniales. El suma qamaña debe pasar también por descolonizarnos en eso. En realidad, es un anti-valor de una cultura boliviana, vigente en gente de todo origen, estrato e ideología. Poco antes algo comparable ocurrió a dos notables políticos chapacos muy criollos ya relocalizados, ahí sí con un muerto de por medio. Lamentablemente es también parte de la cultura subyacente en algunas organizaciones de transportistas...

Otro frente. En época de lluvias unas ciudades se inundan y en otras se derrumban barrios de gente pobre y de gente relativamente acomodada. Así ha vuelto a ocurrir esta semana en La Paz, ciudad espectacular y única por su paisaje y sus 300 ríos o quebradas, pero frágil y complicada frente a excesos de lluvias.

Nuevamente, a veces poco podemos hacer frente a los fenómenos naturales con nuestros recursos también escasos. ¿Quién olvidará aquel turbión repentino de hace apenas ocho años, un 19 de febrero de 2002, que arrasó con todo, aguas abajo, y causó unos 50 muertos? Todos nos solidarizamos entonces con el Alcalde que hizo lo imposible frente a aquella catástrofe imprevisible.

Pero también en ese tipo de problemas se mezclan con frecuencia las fallas humanas. Gente que construye a sabiendas sobre terrenos deleznables por desespero, imprudencia o negocio. Instituciones públicas que no marcan bien sus prioridades.

Recién se cumple un mes del terrible terremoto en Haití, el país latinoamericano que nos gana en pobreza, a pocas millas de su poderoso vecino, tan sospechosamente rápido en mandar allá a miles de marines, después de tantas décadas de olvido y manipulación calculada. Varios nos hemos preguntado qué pasaría en La Paz con un terremoto de tal magnitud.

He consultado a doña Estela Minaya, del Observatorio San Calixto y nos trasmite los siguientes datos: Lo central e inmediato es que demasiados suelos de La Paz son y serán inestables por sus orígenes geológicos heterogéneos lacustres, fluviales y glaciares; hay y seguirá habiendo derrumbes difíciles de remediar. ¡Hasta los puentes trillizos deben asentarse, con los debidos recaudos, sobre un sitio llamado “torrente del barro”! (La Razón 08-08-09). ¿Y sismos? Los ha habido desde hace cinco millones de años pero bastante distanciados, por lo que no hay conciencia de ellos. El más antiguo con magnitud superior a 6 ocurrió hace 53 mil años y el más reciente, hace ya 13 mil.

Medítese lo dicho y actúese.

*Xavier Albó
es antropólogo lingüista y jesuita.

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