El aplazamiento de los proyectos anticrisis para los que se buscaba afanosamente apoyo de las fuerzas parlamentarias y de la sociedad civil pone en evidencia la incapacidad de este gobierno no solo para suscitar un anhelado pacto de Estado sino tan siquiera un cierto consenso. El problema reside en que
Rodríguez Zapatero no comprende que “arrimar el hombro” no es sostener sus criterios de gestión sino coordinar otro modelo de gobierno.
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Se comprende que el PSOE, sin mediar unas elecciones generales, no considere justificado ceder protagonismo a las huestes de
Rajoy. Pero la situación crítica no es un pleito entre Zapatero y Rajoy sino la necesidad de salir de la encrucijada con una operatividad superior a las fórmulas inútilmente propuestas hasta la fecha. El PSOE, sin renunciar al protagonismo de que dispone, debiera plantearse una configuración de gobierno “ad hoc” que hiciese practicable un esfuerzo conjunto de la sociedad, al menos para estos dos años. El paro, la deuda y el déficit están deteriorando la vida nacional con gravedad suficiente para que le socialismo gobernante no solo evite perder el tren sino que no se lo haga perder a todos los españoles.
Cada día se hace sentir mas urgentemente la necesidad de un modelo diferente de gobierno en que pudieran coexistir personas como, por ejemplo,
Montoro,
Fernández Ordóñez o
Duran i Lleida, por citar algunos nombres. Quizá esto no es posible bajo la presidencia de Zapatero. Pero resulta penoso que el PSOE no sea consciente de sus responsabilidades y se juegue su futuro y el bienestar de los españoles a una sola carta personal. En tiempos, UCD fue capaz de sustituir a un dimisionario
Suárez por
Calvo Sotelo. Quizá algún político socialista más competente o más acostumbrado a bregar con fuerzas plurales estaría en condiciones de integrar un gabinete más atractivo para conjuntar voluntades. No sería una derrota sino una muestra de realismo por parte de un partido de dimensión nacional. Pero para conseguir un equipo fiable que reme en el mismo sentido hace falta un timonel sostenible y no solo palabras vacías. En estos momentos, esperar a que se sienten juntos y de buena fe dos aspirantes a la misma silla es perder el tiempo. Hace falta un timonel diferente.