sábado 22 de mayo de 2010, 21:56h
Las medidas propuestas por el Gobierno socialista persiguen la reducción del déficit público, que se ha disparado, hasta llamar la atención de los socios comunitarios, sobre todo de aquellos que sostienen el euro, léase Alemania y Francia. No estamos, por tanto, ante una iniciativa voluntaria de Zapatero, sino más bien forzada, que es lógico que la Oposición le eche en cara al jefe del Gobierno. Pero una vez hecho el reproche, el problema sigue ahí y hay que resolverlo -sí o sí-, con el agravante de que hablamos de mucho dinero. En números redondos, el déficit supera los 117.000 millones de euros anuales, es decir, una cifra equivalente al 11,2% del PIB en 2009, que fue de 1,05 billones de euros. Y para empezar, el tijeretazo incluye 5.000 millones menos de gasto este año y 10.000 menos en 2011, con lo cual el déficit podría pasar del 11,2% en 2009 al 6% en 2011, a sabiendas de que no terminará ahí la cosa, ya que el objetivo de déficit será del 3%.
Como las grandes cifras serán esas o similares, salvo que España salga del euro, el debate no está tanto en la dimensión del tijeretazo como en la gestión de los ingresos y los gastos a partir de ahora. Al Gobierno se le puede acusar de despilfarro o, por el contrario, se podrá valorar su política social -seguramente ambas cosas son posibles-, pero difícilmente se le puede dejar solo, a riesgo de que nos hundamos todos con él. Estamos ante decisiones inevitables, que deben acompañarse de reformas que inciten el crecimiento, sin renunciar a la equidad social, de manera que resulta igualmente esencial una hoja de ruta, al estilo de los pactos de la Moncloa o de los planes de estabilización de los ochenta o los noventa; sin duda otro frente de crítica al Gobierno, debido a sus improvisaciones tras la marcha de Pedro Solbes.
En resumidas cuentas, que los partidos de la Oposición van a tener que implicarse en esta operación de cirugía a gran escala, del mismo modo que las comunidades autónomas y, en menor medida, los ayuntamientos. La receta del PP contra la crisis se basa en crear empleo, reducir el déficit y hacer reformas a las que confía precisamente los dos primeros objetivos. Es de eso de lo que habrá que hablar entre todos; no en cambio de arreglar el problema con la supresión de tres ministerios, porque ojalá ése fuese el problema de España. Cuando menos, PP y PSOE deben ser capaces de asegurar la solvencia del Estado y de proteger la deuda española de los ataques especulativos. No vaya a ser que esa broma macabra de Mariano Rajoy, al considerar España un protectorado de Europa, termine haciéndose realidad. También para el PP cuando llegue al Gobierno.