En medio del Atacama, un desierto inagotable y desprovisto de cualquier muestra de vida, el mundo entero espera un milagro. Si todo sale bien, a las cero horas del miércoles (10 p.m. de Colombia), de la mina San José empezarán a brotar, uno a uno, los 33 mineros que quedaron atrapados a 700 metros bajo tierra desde el pasado 6 de agosto.
El ministro de Minería de Chile, Lawrence Golborn, confirmó que los ensayos técnicos han arrojado los mejores resultados.
"La cápsula por la cual se sacarán a los mineros se comporta muy bien dentro del ducto; se adapta al desplazamiento con encamisado (revestimiento) y sin encamisado". No existe movimiento dentro de la cápsula, ni siquiera de polvo, dijo el ministro al explicar que la cápsula Fénix 1 descendió a 610 metros de profundidad, muy cerca de los mineros, este lunes a la madrugada.
El campamento Esperanza se ve desde lejos como un hormiguero en medio del desierto, inundado de carpas, banderas y equipos de televisión.
Unas tres mil personas, entre familiares de los mineros y 1200 periodistas de 40 países, permanecen a la expectativa del rescate en medio del calor implacable del día y de un frío despiadado que aparece cuando el sol empieza a ocultarse.
Ya pronto terminará todo esto, narra Jhonny Quispe, hermano del minero boliviano Carlos Quispe, de 24 años y el único extranjero dentro del grupo.
Las autoridades aún no confirman los nombres de aquellos que encabezarán el rescate. Lo único que se han advertido es que los primeros cuatro serán aquellos que han demostrado mayores habilidades, por si se presenta algún inconveniente en el ascenso, que tardará unos 15 minutos por persona.
El orden de salida lo definirán los cuatro rescatistas, dos expertos en seguridad y dos paramédicos, que bajarán hasta el taller donde aguardan los mineros apenas comience el operativo.
Entre los familiares hay una mezcla de angustia e ilusión. "Yo quiero que mi papito salga de primero, ya quiero abrazarlo y decirle que lo amo mucho", dice Arln Yez, una niña de ocho años que ondea la bandera chilena con el nombre y la fotografía de su padre Claudio, en un cerro convertido en una especie de altar en tributo a los mineros atrapados.
La pequeña relata que su padre le dijo que hará una gran fiesta, en la calle donde viven en Copiapó. "Lo único que le voy a pedir a mi papito es que no vuelva a trabajar en la mina; es un trabajo muy peligroso", cuenta Arln.
Guadalupe Alfaro, la madre de Carlos Bugueo, confiesa que la ansiedad la ha puesto a comer todo el día y que no la deja dormir en las noches. Lo único que ella lamenta es que su hijo, de 26 años, le dijo que después de tomarse un descanso, quiere volver a trabajar en minería.
Los mineros serán izados en la cápsula Fénix, que fue acondicionada con oxígeno y con un equipo de comunicación y arneses de alta tecnología que tienen la capacidad de valorar sus signos vitales.
Tendrán ropa de material especial, guantes, agua y gafas oscuras para que no sufran daños en los ojos, teniendo en cuenta que llevan más de dos meses sin ver la luz del día.
Existen algunos riesgos
El ministro de Salud de Chile, Jaime Maalich, dijo que el mayor peligro es que los atrapados sufran un ataque de pánico durante el ascenso. Esto se puede producir porque subirán en un vehículo que se desplaza por roca viva y cuyo flujo no es simétrico, además soportando vapor de agua con una temperatura de 30 grados", explicó Maalich.
Por su parte el jefe del rescate, el ingeniero Andr Sougarret, advirtió que en este tipo de operaciones siempre hay riesgos. Sobre todo porque, en este caso, los mineros serán rescatados en un sistema vertical. "El riesgo tiene que ver con la cada de rocas y que alguna de las cápsulas se atasque. Pero tenemos mecanismos para desatorarlas", agregó.