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Una Iglesia de los pobres

Una Iglesia de los pobres

Ayer se hicieron públicos los datos sobre la acción de “Cáritas” en España en el año 2009, en que fueron auxiliadas casi 800.000 personas a las que otros organismos públicos no atendían o lo hacían sólo parcialmente.
   
La conclusión a la que llega el presidente de “Cáritas-España”, Rafael del Río, es conmovedora.  “Nos sentimos  -dice-  frustrados, angustiados y con un nudo en la garganta ante las necesidades que no podemos atender. Necesitamos más medios y más manos para seguir adelante, puesto que la situación empeora y quienes están pagando la crisis son los que no la produjeron”.
   
Todo esto coincide con lo que ayer nos decía aquí, en protagonistas, el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, sobre el compromiso de la Iglesia con los más pobres.
    
También hay que decir que para cooperar con “Cáritas”, para canalizar la solidaridad de cada uno a través de esta institución católica, no hace falta creer en Dios. Es suficiente creer en el hombre, porque el hombre y Dios, ante la miseria, ante la debilidad, ante la indefensión, ante el paro, ante el desahucio de una vivienda, ante la necesidad de emigrar, vienen a ser lo mismo.
    
Lo más llamativo del informe de “Cáritas”, con datos del pasado años  (es de suponer que los del ejercicio 2010 sean aún más crudos) es que los más pobres son los más solidarios, y de que hay personas que extraen sacrificadamente de su propia necesidad una cuota de 10 ó 15 euros para entregarla a los demás, o incluso parados que emplean sus horas forzosamente muertas en ayudar a quienes nada tienen.
   
También se señala en el informe que la mitad de las personas que recurren a “Cáritas” son españolas, y la otra mitad inmigrantes. Pero se subraya que, por mucho que insistan algunos políticos, “los extranjeros no son los causantes de la crisis sino quienes más la están sufriendo”. Y, además, la mayoría de los llegados de otras tierras ni siquiera cuentan con la red de protección familiar de la que disponen los españoles.
   
Añadamos, en fin, que en esta España en que se debate sobre cómo adelgazar la Administración y cómo terminar con ventanillas burocráticas inútilmente duplicadas o triplicadas, un 58 por ciento de las personas atendidas por “Cáritas” llegan enviadas o derivadas por los ayuntamientos. Y es que a los alcaldes y a los concejales, por lo general, les gustan más el urbanismo o las obras públicas que los pobres.


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