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Los niños, víctimas olvidadas

Los niños, víctimas olvidadas

Un diario inicia un serial sobre "Los niños que mordió ETA", 25 niños asesinados, decenas de heridos y centenares que quedaron huérfanos. No hay que ir tan lejos para encontrar niños que son víctimas y que reciben el mismo trato: el silencio. UNICEF acaba de presentar su Informe sobre la Infancia en España y revela lo que lleva años denunciando Caritas: un veinte por ciento de la población, es decir un veinte por ciento de niños, viven bajo el umbral de la miseria en un país democrático, en un Estado "social y de derecho". Dos millones de niños en condiciones de precariedad. Una vergüenza. La inversión en políticas sociales de infancia y familia -otra denuncia social reiterada e ignorada por los poderes públicos- es del 0,7 por ciento de PIB frente a la media europea de un 2,3 por ciento. Otra enorme vergüenza. Pero en las campañas electorales, por ejemplo en las catalanas, pero también en las que han pasado y en las que vengan, la política sobre la infancia no ocupa ni un minuto en los debates de los candidatos. Los niños no votan, luego no importan. Besos en la calle, sí; medidas, no.

Hace unos meses UNICEF y el Consejo General de la Abogacía Española presentaron un importante informe titulado "Ni ilegales ni invisibles" sobre la realidad social de los menores extranjeros en España. Este pasado sábado, Televisión Española presenta un informe titulado "Niños invisibles" en esa misma línea. En España hay muchos niños españoles que son invisibles para los poderes públicos. No sólo esos ochocientos mil que viven en condiciones de precariedad, aunque tengan más o menos garantizados derechos como la educación y la sanidad. Hay otras maneras de exclusión social, de abandono, de carencia de igualdad de oportunidades.

   Hay un ejemplo que siempre me ha parecido sangrante: los niños que son víctimas de la violencia de género no aparecen en ninguna estadística. Cuando  una mujer es víctima de la violencia machista, casi siempre hay uno o dos niños que sufren esa misma violencia y que casi nunca están preparados para ella. Ese peso les acompañará toda la vida. Llegan a pensar que la violencia es algo normal, quedan atrapados en esa maldita red. En lo que va de año, 13 niños han muerto víctimas de la violencia de género. No están en las estadísticas ni en el recuerdo. No cuentan para nada. 800.000 niños viven con una madre que sufre el maltrato y, muchas veces, también la precariedad. Son víctimas reales, indiscutibles de la mal llamada violencia de género. ¿Dónde están en la atención social, en las medidas preventivas, en las estadísticas? En ningún sitio. No existen. Sus madres, sí; ellos, no. ¿Por qué?  

   El recordado profesor Antonio Beristain generó un nuevo y revolucionario aforismo: "in dubio pro victima", ante la duda a favor de la víctima, de los marginados, de los olvidados. Hay que revisar esta política que excluye e ignora a los niños víctimas cuando se habla de la violencia de género. Son víctimas, no se les puede ignorar. No es de justicia.

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