jueves 25 de noviembre de 2010, 21:30h
Actualizado: 07 de febrero de 2011, 13:47h
Sólo con pronunciar tu nombre todo el mundo en Valladolid sabe que me refiero a ti. ¡Qué difícil es que esto ocurra, Ovidio, en una ciudad de más de 300.000 habitantes! Y eso es signo de cercanía, de afecto, de cariño. Como tú eras, un hombre próximo, afectuoso, pendiente de tus amigos que éramos muchos.
Un vallisoletano de pro, “nacido en la calle de los Alamillos”. Siempre te enorgullecías de tu origen, trabajador incansable en todos los ámbitos, la hostelería, la política, la sociedad, la cultura, la comunicación… Todo el mundo te conocía en Valladolid, pero quizá no todos sepan tus múltiples facetas y se queden con la figura del empresario o del que fuera presidente de la Diputación Provincial de Valladolid, a finales de los años 80, en cuya tarea tuve el privilegio de acompañarte. Todavía me pregunto cómo me contrataste para el puesto de Jefe de Prensa, con la sola sugerencia de Julio Rubio, el periodista que mejor comunica el turismo de esta Comunidad.
Menos gente sabe tu apoyo económico a la Editorial Ámbito, en su fase de nacimiento, o al accionariado del Diario Regional, cuando estaba viviendo momentos difíciles. Es plausible tu afán por las causas sociales, echando una mano a los que pasaban momentos de dificultad. Cuantos no habrán recurrido a ti, en búsqueda de ayuda, sabedores de tu solvencia y generosidad.
De estar bien, Adolfo Suárez hubiese venido a tu entierro, porque pocos seguidores habrá tenido el líder de UCD y CDS tan fieles como tú. En sus causas te dejaste dineros, tiempos de familia y muchos kilómetros de carretera. Con solo 5 diputados gobernaste una corporación de 25, sabiéndote entender con hombres cabales como Félix Calvo, Dionisio Miguel Recio, Ramiro Ruiz Medrano, Pío Gómez Sanz, Enrique… de los que guardo un grato recuerdo. Seguro que la Diputación te hace el reconocimiento que te mereces.
Los taurinos te van a echar en falta en la plaza de toros, porque pocos aficionados cogen cada feria su abono para sí, su familia y sus amigos. Hasta Maribel (justo ayer hizo un año de su fallecimiento), que no le gustaban los toros, compartió barrera contigo y Marisa, fruto de tu capacidad para ilusionar a los demás en tus pasiones, ¡Qué gran aficionado ha perdido la fiesta!
Y ¡cómo te vamos a echar de menos los amigos de la Peña Bus Stop!, un grupo que has cohesionado al calor de las Lentejas de Castañeta, tu gran colaborador, y donde nos juntamos gracias a tu impulso, con la ayuda de Aniano y Pedro. En tu recuerdo, los amigos de “Las castañejas” nos seguiremos reuniendo, porque creo que es el mejor homenaje que podemos hacerte.
Mi recuerdo entrañable para Marisa, abnegada en el cuidado de la familia, para Víctor Ovidio, Óscar y David, tres hijos estupendos que se fijaron en el padre para ser gentes de bien, educados en la cultura del esfuerzo, con sentido del respeto y del orden.
Ovidio, llegaste a ser un gran hombre desde la humildad, sabiéndote ganar todo en la vida a base de trabajo y coraje, sin más medios que tu talento y tus manos. Por eso siempre te he admirado y querido. Por eso y porque has sido para mí uno de los grandes amigos que he tenido.
Con el más fuerte de los abrazos.
José Luis Guerrero.