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Ciencia y política

Un personaje por el que siento un respeto imponente, el científico Cesar Nombela, en un artículo publicado en el diario Expansión recoge la sorprendente noticia de que Peter Agre, Premio Nobel de Química 2003, se presenta a senador por Minnesota, Estados Unidos, y eso le sugiere un análisis sobre el papel de la ciencia en el mundo de hoy. Cree Nombela que los desarrollos legislativos y la función pública  “necesitan apoyarse en ciencia de sólidos fundamentos”. Añade que cualquier encuesta que compara la credibilidad de políticos y científicos coloca a éstos muy por encima, y concluye que en la trayectoria de cualquier científico relevante hay una notable preparación, muchas horas de trabajo y logros reconocidos, incluso, diría yo, verificables. En cambio, dice Nombela, “no es ese el caso de todos los políticos”. 

En el mismo diario, Manuel Conthe, que ha recuperado su actividad como columnista y que no es un político, aunque haya estado en la política, escribe que “por lo menos hasta 2003, el Banco de España y el Ministerio de Economía pecaron de negligencia por omisión, al permitir que Afinsa y Forum captaran fondos reembolsables en infracción del artículo28.2b) de la Ley de Disciplina. Un Estado, opina Conthe, que nos protege frente al tabaco, al anisakis, frente al no uso del cinturón de seguridad o en la forma de tarificación de los aparcamientos, no puede dejar desprotegidos a los ahorradores, por codiciosos o acaudalados que sean, frente a promotores de pirámides financieras que actúan a la luz del día”.

Voy a tratar de averiguar si Agre sale elegido o no, para ver si es posible mantener la fe en la sociedad americana. Pero si un científico como Barbacid, que es muy conocido, o cualquier otro tan importante como él, aunque no tan famoso, tratara de encabezar una candidatura en España, sus posibilidades de éxito, bueno, sus posibilidades, incluso, de presentarse serían las mismas que las que tiene el Nastic de ganar este año la Liga de Primera División. Incluso menos. Un médico tiene que demostrar y actualizar sus conocimientos permanentemente, lo mismo que un abogado o un arquitecto. Valen en función de su trabajo. Los periodistas podemos trabajar toda la vida con lo que aprendimos a los veintipocos años y dar lecciones al mundo. Y los políticos, con excelentes excepciones afortunadamente, son la única profesión para la que no se necesitan títulos ni estudios, no pasan más control que el de los “aparatos” de los partidos y, también salvo raras excepciones, no dimiten ni aunque pierdan las elecciones. Incluso los que pierden las elecciones pueden ganar el poder, si son capaces de pactar, aunque sea renegando de todo lo que habían dicho. Y cuando llegan al poder, como dice Conthe, pueden controlar nuestras vidas en sus mínimos detalles y, sin embargo, no responder de ninguno de sus actos, de ninguna de sus decisiones. Curioso asunto. Merecería una explicación científica.
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