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Marruecos

    Túnez, Egipto, el gigante chino, Libia (más de 200 muertos en la represión policial del fin de semana), y ayer Marruecos. Es el mapa de los distintos clamores por la libertad y por la dignidad en países pisoteados por la bota de una dictadura. Algunos hablan de “efecto dominó”, para dar a entender que estos brotes colectivos contra la tiranía no son hechos aislados sino que responden a una corriente unánime y, afortunadamente, contagiosa por todo el mapamundi, desde el Mediterráneo hasta el Pacífico.

    Nuestro vecino del sur, Marruecos, ese país que juega con España al gato y al ratón, y con el que se dice que, por razones geoestratégicas “estamos condenados a entendernos”, quizá sea el tuerto en el país de los ciegos medievales por la influencia de los intereses estadounidenses o franceses, pero indudablemente es un vecino incómodo. Por “light” que sea su sistema político, es evidente que los Derechos Humanos cotizan allí a precio de saldo, y que una minoría de personas vinculadas a la familia real alauita son los señores de horca y cuchillo de una población desesperada. Ayer una treintena de asociaciones y sindicatos convocaron el “Día de la Dignidad”. Y la gente salió a la calle pidiendo que la Monarquía despótica de Mohamed VI se convierta en una Monarquía parlamentaria… Esa copla…, esa música y esa letra…nos suenan aquí, en España… Y sin duda la Transición española, con todas sus imperfecciones y meandros, es un modelo para millones de marroquíes sobre cómo se puede pasar, sin disparar un tiro, del poder absoluto de los tiranos a un poder que emana de la sociedad y que garantiza las libertades. En Rabat, Marrakech y Casablanca se produjeron las principales manifestaciones, tras unos días de preparativos y de convocatorias por las que fueron detenidos algunos de los líderes más relevantes.

    Marruecos está muy cerca. Su grito por la libertad se escucha en Ceuta, en Melilla, y a este lado del Estrecho, y aunque  llegue atenuado por el control policial de una dictadura, se deja oír en las calles, en los zocos, en la medina, entre las palmeras y, ayer, bajo la lluvia. Es un clamor unánime, es una sinfonía absolutamente necesaria. El camino no es fácil ni hay conejos en la chistera de quienes salen a la calle a pecho descubierto. Pero una sociedad, cualquier sociedad, cuando intuye, al final del túnel, alguna luz, camina inexorablemente hacia ella. Son lecciones de la historia, enseñanzas de un mundo desigual en el que siempre, y como dice un proverbio oriental, “no hay instante más oscuro que el que precede al alba”, España, tan tiene que “mojarse” en esta aventura. Hay muchos intereses en juego, es cierto, pero lo más relevante en estas circunstancias, y para que no se nos caiga la cara de vergüenza, es  la dignidad del pueblo marroquí.


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