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Primer paso en la aprobación de los presupuestos de 2012

El Gobierno conseguía este martes, con la abstención de algunos grupos nacionalistas en el Congreso, como CiU y  PNV, la aprobación del techo de gasto, pieza clave y fundamental en los actuales propósitos de enviar mensajes de solvencia a los exigentes mercados del dinero, y pieza clave, también, para una futura y eventual aprobación de los presupuestos generales del Estado para el año que viene. De este modo, el discurso oficial del Gobierno puede seguir siendo el repetido hasta la saciedad desde el Gobierno: agotar la legislatura,  y hacerlo, a ser posible, hasta marzo...  El nuevo ministro portavoz, José Blanco, en su acto de toma de posesión, quiso dejar claro que “quedan muchos días para las elecciones” y que el Gobierno trabaja con la perspectiva de marzo. También la víspera, cuando se le preguntó al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sobre la misma cuestión, respondía: “Ya saben lo que pienso”. Esto es, lo que viene reiterando, que tratará de agotar la legislatura. En todo caso, la decisión la va a marcar la situación financiera. Zapatero ya ha aclarado que no convocará mientras no se superen las convulsiones financieras porque España no puede permitirse paralizar la gestión con unas elecciones.?? Algunos dirigentes socialistas, en cambio, se muestran menos confiados de que la prolongación hasta  marzo pueda cumplirse. No porque al  Gobierno vayan a faltarle apoyos parlamentarios para sacar adelante los Presupuestos de 2012, sino por el precio que puedan pedir por ese apoyo cuando, a finales de septiembre, estará a punto de culminar la tramitación de las principales reformas pendientes. Pero ahora mismo, la gravísima preocupación se llama inestabilidad de los mercados financieros, que el martes llevaron a la prima de riesgo española hasta los 380 puntos básicos. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se entrevistó este martes con el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, para preparar la estrategia de respuesta al nuevo y gravísimo ataque al euro con repercusiones en Italia y España. Ha llamado poderosamente la atención el hecho de que Zapatero haya arremetido contra, nada menos, que la canciller Merkel y su actitud para salvar la deuda griega. También el portavoz Blanco se refería inevitablemente a la cuestión, reclamando a los países europeos que sean “inexcusablemente rápidos y eficaces” para devolver la estabilidad a los mercados, sobre todo pidió la colaboración del principal partido de la Oposición, después de que la secretaria general del PP y presidenta de Castilla-La Mancha, Dolores de Cospedal, cuestionara los datos de déficit que había recibido del precedente Gobierno socialista de la comunidad y que podría triplicar, a fin de año, lo autorizado por Hacienda. La “sombra de sospecha” lanzada por  Cospedal llevó a que la portada de The Wall Street Journal señalase que las palabras de la secretaría general del PP “aumentan la preocupación sobre el estado real de las cuentas autonómicas” españolas. Y fue en ese contexto, en el que Blanco hizo un llamamiento a las Administraciones ante el temor existente en el Gobierno central de que la denuncia de Cospedal se generalice a otras comunidades autónomas donde el PSOE ha dado el paso a Gobiernos del PP tras las elecciones del 22 de mayo.  El Gobierno central confía en solventar esta cuestión en la reunión que, en la última semana de julio, celebrará el Consejo de Política Fiscal y Financiera, o Cumbre de presidentes autonómicos, y en la que las comunidades autónomas expondrán sus cuentas y adquirirán sus compromisos de cumplimiento del déficit. Por su parte, Rajoy suele argumentar que el problema es que los mercados no confían en Zapatero, aunque ahora, dado que también ha caído Italia y abundan las críticas a Merkel, dos socios del PP europeo, en vez de tirarse a degüello contra el Gobierno, sigue reclamando elecciones anticipadas, pero es mucho más suave en la forma. En lugar de atacar directamente a Zapatero o a Rubalcaba, Rajoy se presentó a sí mismo y a su partido como un aval de que España puede salir del agujero, utilizando en varias ocasiones la palabra “patriotismo”. Su mensaje es claro: España tiene solución porque el PP está a punto de llegar al poder. O dicho de otro modo, Rajoy trae, con su mera presencia, la confianza de los mercados.  “España es un gran país, un país solvente, que tiene futuro. Un país que tiene gente preparada para salir de la crisis, y una alternativa responsable que yo dirijo, y que sabe lo que España necesita. Lo que hace falta es un Gobierno que haga reformas para estar en el grupo de los buenos, con Alemania y Holanda. Cuando uno hace bien los deberes, las crisis afectan mucho menos”, dijo Rajoy en la presentación  del libro Lo que hay que hacer con urgencia, un análisis de 30 economistas coordinado por el profesor Juan Velarde Fuertes. El líder del PP, en cambio, no ha mantenido en las últimas horas conversaciones con dirigentes europeos ni con el presidente del Gobierno. Rajoy está convencido de que, al final, Alemania acabará pagando el mayor coste de la crisis , pero en público prefiere no decir  nada y evita cualquier tipo de crítica al sistema o a las instituciones europeas. En cambio, Rajoy ya ha decidido cómo tratar a su nuevo adversario “formal”, Rubalcaba. Ha descalificado plenamente sus propuestas, tachándolas de “radicales” . No menciona el impuesto a la banca, ni la creación de un impuesto para las grandes fortunas, ni la reforma electoral, ni el impuesto sobre transacciones financieras o la creación de una agencia europea de calificación. Rajoy dice que estas medidas son “una fórmula milagrera, de demagogia ramplona, una especie de bálsamo de Fierabrás que nada arregla”. E insiste en que hay que “huir como de la peste de la demagogia, porque es muy peligrosa”. Y en cambio, ”vende” su propio plan de reformas, que, por ejemplo, incluye un contrato único para flexibilizar el mercado laboral. Rajoy lanzó una última pulla al Gobierno: “La clave es trabajar para que el bono esté como cuando nosotros no fuimos del Gobierno, esto es, en cero”. Por último, pidió elecciones anticipadas porque cree que España “necesita un cambio total”, “otras políticas” y “otra forma de hacer las cosas”. O sea, las que, indudable e inevitablemente, llegarían con su propia victoria en las urnas...
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