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Lo que se cuenta por ahí

Lo que se cuenta por ahí

De regreso a la Comunidad Valenciana tras diez días de viaje, observo con sorpresa que el mayor tema de conversación ciudadana es el arranque liguero del Valencia CF, que hoy se enfrenta al Barça, y la buena marcha en segunda de los equipos alicantinos. La crisis económica, siempre presente, queda relegada a un segundo plano.

Los más iniciados en cuestiones políticas tienen, con todo, otros temas para la discusión. Uno, el presunto diálogo de Rita Barberá y Mariano Rajoy, aunque los enteradillos no se ponen de acuerdo sobre él. La hipótesis más plausible es que podrían haber pactado la marcha de la alcaldesa al Congreso de los Diputados, para sustituir a Pepe Bono en la presidencia, caso del triunfo electoral del PP.

El trasfondo de esa posible operación serían los números rojos del consistorio, que de esa manera le estallarían en la cara al sucesor de Rita Barberá, manteniendo inmaculada la brillante ejecutoria de la actual munícipe. Es una hipótesis creíble en un momento en el que las cuentas de todas las instituciones van de capa caída y en que la penuria propicia enfrentamientos impensables hasta hace bien poco, como el del alcalde de Paterna, Lorenzo Agustí, con el presidente provincial del PP, Alfonso Rus, sobre la pervivencia o no de las diputaciones.

Lo cierto es que las arcas públicas no tienen un duro y nadie sabe cómo van a atender los pagos previstos en los próximos seis meses. ¿Es posible la insumisión municipal, como propone Rita Barberá -siempre la hiperactiva Rita, una y otra vez-, no devolviendo al Estado el dinero adelantado por éste a cuenta de la liquidación del año pasado?

Eso parece improbable, menos aun con Rajoy en La Moncloa, como vaticinan todas las encuestas. Es más: la crisis económica produce alianzas imprevistas, como la de Alberto Fabra y Ramón Luis Valcárcel con el catalán Artur Mas, defendiendo hoy mismo ante la UE en Bruselas la conveniencia del corredor ferroviario mediterráneo.
 
Sin embargo, nadie se atreve a coger por los cuernos al toro de los recortes económicos imprescindibles para salvar los muebles. Por otra parte, ¿de qué han servido los fastuosos gastos realizados durante estos años de vacas gordas si la costosa Ágora de Santiago Calatrava, proyectada para grandes actos deportivos, no sirve para la final de la Copa Davis y se ofrece en su lugar el viejo velódromo Luis Puig?

Un sinsentido más. Como el de la mastodóntica RTVV cuya reducción -jibarización, dicen algunos, aludiendo a que inicialmente afectará solo a su cabeza- analiza hoy el consejo de administración del ente. ¿Y cómo se justifica la prédica de austeridad y el amago de un gran ERE sobre los trabajadores si se recoloca en ella como directiva a Nuria Romeral, principal ejecutora de la política de comunicación campsista?

La sensación resultante de todo ello es que se están dando vueltas en círculo mientras se vacila sobre el camino recto a seguir. Eso le pasa también al PSPV, por supuesto, cuyo líder autonómico, Jorge Alarte, recibe esta semana a Pérez Rubalcaba con la triste convicción de un inminente descalabro electoral.

Es que éste no es, pues, tiempo de alegría. Tampoco para el batallador Francisco Camps, convencido el hombre de su exoneración penal, la cual le permitiría regresar al primer plano de la política. Él parece ser el único que a estas alturas no sabe que su marcha ha sido un camino sin retorno y que la reciente condena de Víctor Campos y Rafael Betoret alimenta los peores presagios.
 
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