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Veinte años de desorientación estratégica del PSOE (2)

Veinte años de desorientación estratégica del PSOE (2)

jueves 02 de febrero de 2012, 08:12h
Bueno, ya vimos que la desorientación política del PSOE es bastante anterior al gobierno de Zapatero y guarda relación con la crisis de la socialdemocracia europea frente al avance de la globalización. Pero también mencionamos que esta desorientación previa es precisamente lo que permite el surgimiento del zapaterismo, como movimiento de contestación a la crisis del felipismo en los años noventa.

También insistimos en que el zapaterismo no significó la renovación que necesitaba la socialdemocracia española, sino una salida por la tangente que amalgamó elementos socialdemócratas con otros procedentes de otras sensibilidades políticas, principalmente correspondientes a los partidos radicales. En esta perspectiva, el zapaterismo se caracterizó además por una ausencia de sentido de Estado y por una estrategia de partido "atrapatodo", que se basa en la idea de que sumando alianzas con minorías se obtiene la mayoría necesaria. Veamos pues cada uno de los tres elementos.

Ante todo, dejemos claro que la llegada de Zapatero al Gobierno tuvo lugar en una coyuntura inesperada. Esto no quiere decir que Aznar no se mereciera perder el Gobierno por su manejo de la crisis de seguridad, en una alianza con Bush que fue letal para todos los que le apoyaron desde Europa. Pero la primera confusión de Zapatero fue pensar que ganó las elecciones por su densidad programática previa y no por una coyuntura particular determinada en buena medida por factores externos.

Una vez en el gobierno, Zapatero se lanzó a la política de los partidos radicales de "ampliación de derechos", entendiendo por tal cosa el elevar a esa categoría las reivindicaciones legítimas de minorías, como si estas no afectaran al conjunto de la sociedad o como si la existencia de los derechos de las minorías desconocieran los derechos de las mayorías. Eso se evidenció en el caso de los nacionalismos, otros sectores identitarios, la preferencia sexual, etc. Este programa de los partidos radicales (el ejemplo más claro fue el PR italiano) se caracteriza por una táctica de choque unilateral, que excluye del menú la armonización de derechos: pareciera como si el surgimiento de nuevos derechos se hiciera en medio de la nada, cuando lo que sucede en la vida real es que, sobre todo cuando se establecen derechos de minorías, es necesario armonizarlos con otros derechos existentes o divergentes. Pues bien, es necesario aclarar que precisamente la permanente atención por esa armonización de derechos es lo que caracteriza la perspectiva socialdemócrata.

Esta orientación de programa radical se acentuó en el caso de Zapatero porque prefirió convertirse en una estrella rutilante del progresismo, muy por encima de adoptar un sentido de Estado. Esto le condujo a desconocer la existencia de la otra España cultural y, como se dijo, "a preferir pactar con el diablo que con la oposición conservadora". Claro, el resto del país comenzó a sentir el resentimiento natural por estos "trágalas" culturales. El ejemplo de la asignatura de Educación para la Ciudadanía es tremendamente ilustrativo. No hay duda alguna de que la asignatura es completamente necesaria en el mundo relativista actual. Y es completamente falso que el PP no estuviera dispuesto a negociar sus contenidos. Pero Zapatero prefirió mantener los pocos puntos inaceptables para el PP que conseguir una Educación para la Ciudadanía de consenso. ¿Alguien puede extrañarse que hoy el PP quiera liquidar por completo la asignatura? Bien, pues algo semejante puede pensarse con la última vuelta de tuerca sobre el aborto, o con el matrimonio homosexual o el Estatuto de Cataluña. Zapatero se caracterizó por una ausencia de sentido de Estado, que está provocando hoy una reacción contraria, en buena medida por resentimiento (que, por cierto, también evidencia un déficit de sentido de Estado).

Esta orientación zapaterista se hizo mucho más grave en la segunda legislatura. La estrategia de acumulación de fuerzas no se impulsó en el segundo Gobierno socialista sobre la base del convencimiento de la centralidad de sus propuestas, sino a partir de la habilidad de decirle a cada sector lo que quería oír, la tendencia a realizar acuerdos con las distintas minorías y sectores, para conseguir la mayoría mediante una adición acumulativa de segmentos políticos. Esa estrategia fue la característica del senador Kerry en Estados Unidos, que se manifestó ineficaz frente al discurso conservador de Bush, dirigido a la gran mayoría de la nación. Cuando Rubalcaba dice eso de que quiere un partido que pueda decir las mismas cosas en cualquier sitio, sabe de qué está hablando.

Pues bien, este conjunto de ausencias (capacidad de armonización de derechos, sentido de Estado, discurso único y nacional) guarda relación también con el déficit conceptual del zapaterismo desde sus inicios. Es decir, el franeleo de Zapatero con sus segmentos "aliados" también condujo a la tendencia a copiar al dictado lo ellos le fueron indicando. Así le sucedió con los distintos movimientos sociales (homosexual, feminista, etc.). Lejos de procesar las demandas de cada sector hasta tener verdadero conocimiento de causa, prefirió copiar el discurso de cada uno de ellos y, desde luego, considerarse fantástico por hacerlo. Lástima que eso tenga poco que ver con una estrategia socialdemócrata seria, caracterizada precisamente por todo lo contrario: búsqueda de armonización de derechos, sentido de Estado y conocimiento suficiente de las reivindicaciones sectoriales para estructurar el propio discurso (socialdemócrata). En la próxima oportunidad veremos algún ejemplo temático de esto último.
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