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Fusilen al consejero Espinosa

Fusilen al consejero Espinosa

viernes 15 de junio de 2012, 18:17h
En 1978 el Consejero preautonómico de Sanidad fue Andoni Monforte. Tras la aprobación del Estatuto de Gernika en 1979 los distintos consejeros han sido Xabier Aguirre, Jose Manuel Freire, Iñaki Azkuna, Gabriel Inclán y Rafa Bengoa. Pero el primero en la historia fue Alfredo Espinosa Orive, fusilado ahora hace 75 años y con calle en Miribilla. Republicano, fue concejal del ayuntamiento de Bilbao y gobernador de Burgos. En la Villa vivía en la calle Ibañez de Bilbao 13, donde tenía su consulta y donde como médico desarrolló su trabajo con las gentes más humildes. En La Alhóndiga, se inaugurará el día 15 una exposición sobre su vida dirigida por el profesor Jon Penche. Honrar, honra.

Conocí a su viuda Paquita y conozco a su hijo a quien le hice llegar documentación sobre el aviador que le traicionó a su padre y es que hace 45 años, el 26 de Junio de 1937, los franquistas fusilaron al consejero republicano del Gobierno de Euzkadi, doctor Alfredo de Espinosa y Orive. Para la realización del hecho, dio su colaboración interesada, el piloto de aviación Yangüas, que venía prestando servicios a las órdenes de las autoridades legítimas del País Vasco y que, traicionando a la causa que decía defender, no halló escrúpulo alguno en entregar la vida indefensa del Consejero.

El extinto miembro del Gobierno Vasco cumpliendo sus funciones, hubo de trasladarse de Bilbao a Bayona acompañando, como médico, a los niños de la colonia establecida en Górliz. Cumplida esta humanitaria misión, resolvió regresar al campo de lucha donde se encontraban sus compañeros en las tareas de gobierno. A tal efecto, tomó un avión en el aeródromo de Burdeos, cuyo mando se hallaba a cargo del piloto Yangüas. Este infame, en lugar de seguir la ruta establecida, se desvió de la misma y bajó con el aparato en la playa de Zarauz, donde los franquistas, sin riesgo alguno, apresaron al Consejero, que se hallaba completamente indefenso.

Conducida la víctima a Vitoria, trataron los franquistas de convertirle en victimario, dado que horas después de apresarle, con no pequeño júbilo, transmitieron por las radios de la península la falsa noticia de que habían detenido al consejero del Gobierno Vasco Espinosa y Orive, cuando éste huía de la zona leal cargado del dinero que había robado a los bancos...

Los que rendían culto a la verdad, a la honestidad y a la hombría de bien, sabían que Alfredo Espinosa y Orive consagró sus esfuerzos a humanizar la despiadada guerra que provocaron los sublevados. Como médico y Consejero de Sanidad, procuró, por todos los medios a su alcance, que los presos políticos vivieran en las prisiones en las mejores condiciones posibles, y movido por este sentimiento, aparecía en todo momento dispuesto a corregir injusticias y evitar persecuciones arbitrarias.

Nadie debe desconocer que Espinosa, alentado por estos sentimientos, con peligro de su vida, salió en defensa de los adversarios políticos que se hallaban detenidos en el convento de los Ángeles Custodios de Bilbao, e interpuso su influencia en beneficio de sus enemigos, impulsado por una generosidad digna de un hombre de bien.

El 23 de Junio de 1937, era juzgado en Consejo de Guerra acusado del "delito de rebelión militar en concepto de autor". La sentencia de este "juicio sumarísimo" se cumplió tres días más tarde. Espinosa fue fusilado junto al poeta Lauaxeta. La misma suerte corren sus compañeros de vuelo Aguirre y Urgoiti. Emilio Urbiena es condenado a cadena perpetua. Cuando conoce su sentencia, Alfredo Espinosa escribe dos cartas que son dos auténticas antologías de humanidad y que, desde nuestro punto de vista, sirven para definir toda una vida. Los manuscritos están hechos con la letra firme del hombre que no teme a lo que se le viene encima.

Incapaz de sentir odio contra sus semejantes, horas antes de ser sacrificado, perdonó su ruindad y miseria a los que lo maltrataron en la prisión, pretendiendo con ello quebrar su entereza. Antes de ser colocado ante los fusiles que tan injustamente habrían de quitarle la vida, escribió una carta emocionante al Presidente del Gobierno de Euzkadi, José Antonio de Aguirre, rogándole que cuando el gobierno que presidía deliberara sobre una pena de muerte, recordaran que su última voluntad era la de que se concediera el indulto, y encargaba a la vez a su atribulada esposa que, en esos casos, se acercara siempre al gobierno en solicitud de gracia.

La carta que remitió al Lehendakari terminaba así: "Nada más querido amigo y siempre Presidente. Un abrazo muy fuerte y ¡Gora Euzkadi ¡ y ¡Viva la República!. Cuando la historia nos juzgue a todos sabrán que nosotros hicimos lo indecible por evitar la muerte a los presos y por conservar el respeto absoluto a toda idea por opuesta que fuere a la nuestra.

Te abraza hasta siempre,
Alfredo Espinosa

En su carta al Presidente del Gobierno Vasco, hizo votos para que el sacrificio de su vida no fuera estéril ni infructuoso para su pueblo.Llegado el instante decisivo, Espinosa, junto con el comandante Aguirre, se presentó sereno ante el pelotón alineado en el patio de la cárcel para entregar su vida por la causa de la democracia y de la libertad, dado que a la hora de su muerte, entonó un canto vibrante a su pueblo, a Euzkadi. Ocurrió hace 75 años.
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