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La falsa izquierda

La falsa izquierda

viernes 16 de noviembre de 2012, 17:46h
Quienes no aprendieron nada de la historia del pasado siglo XX están condenados a repetir sus errores (y sus horrores). Muchos intelectuales de izquierda se preguntaron en los años sesenta si había sido tan diferente el nazismo en Alemania del comunismo estalinista de la Rusia soviética. Autoritarismo de partido único, métodos represivos espantosos, costos humanos medidos en millones de personas. Mi juicio es que más que hacer comparaciones taxonómicas, lo importante es determinar su componente central como experiencias contrarias a la emancipación humana. No sé si mediante la aplicación del aforismo de que los extremos se tocan, pero lo cierto es que ambas experiencias me parecen expresiones reaccionarias en el sentido estricto del término.

Esa lección del siglo XX debiera servir a la izquierda en todo el mundo y en concreto en España, para sacar la conclusión de que la radicalidad autoritaria no es sinónimo de izquierdas. Cuando alguien que se presenta como antiautoritario, de izquierdas o simplemente progresista, emite un discurso que desconoce la conquista del sufragio universal, la representación democrática, el derecho a formar partidos, como un paso fundamental en la historia de la humanidad para lograr el procesamiento de las decisiones colectivas, simplemente me parece que no aprendió nada del siglo XX y que, lejos de tener una propuesta de emancipación y de izquierdas, se orienta peligrosamente hacia una dinámica reaccionaria en relación con el desarrollo humano.
Es relativamente fácil identificar esa falsa izquierda por su discurso en la actual situación española. Suele partir de una identificación teleológica con los sufrimientos de la gente en medio de la presente crisis, para luego darle una salida única de movilización social sin fin. Y, desde luego, en ese camino, la democracia representativa es identificada como el "sistema imperante de los banqueros y los políticos". Esa falsa izquierda se siente hoy tremendamente empoderada en el contexto actual de malestar social. En tal sentido, puede afirmarse que, dado que no buscar soluciones en el fortalecimiento de la democracia política sino en su debilitamiento, es esencialmente demagógica y oportunista.

Es decir, tal identidad se evidencia no principalmente respecto de la protesta, sino de la propuesta (para salir de la crisis). Mucha gente de izquierdas, por ejemplo en la dirección de los sindicatos, tiene razón al dar cauce al malestar social mediante su expresión en términos de protesta, pero en el sentido de lograr una negociación que permita una combinación de austeridad y crecimiento, sobre la base del fortalecimiento de la democracia. Pero hay quienes ven en las movilizaciones fundamentalmente "un efecto desestabilizador sobre el poder establecido, que no debemos menospreciar". En este caso la perspectiva está clara: movilización interminable, sin solución clara. Nunca se podrá encontrar una sola palabra de defensa de la democracia constitucional y sí muchas frases del estilo de: "el poder económico oligárquico, la representación que lo sustenta y el marco jurídico, institucional y comunicativo...". Como habrán advertido, lejos de inventarme estas frases, las estoy tomando literalmente del representante de la Izquierda Plural, Joan Josep Nuet.

El problema fundamental es que esta izquierda falsa está ejerciendo una presión enorme sobre la hasta ahora alternativa progresista del país. Por eso Nuet afirma: "Aquí es donde el PSOE está perdido, no entiende la crisis y por tanto no entiende la respuesta que necesita y demanda su base social". Una presión que el actual PSOE, políticamente muy débil, no está siendo capaz de resistir. En vez de dar cauce al malestar social para buscar una solución de la crisis, el PSOE está respondiendo a su debacle electoral en Galicia y el País Vasco con la búsqueda desesperada de un "regreso" a las bases radicalizadas, que le conducen inevitablemente hacia una oposición irresponsable y le alejan del pacto de Estado que la sociedad necesita para salir de la crisis.

Algunos observadores han afirmado que el país se ha quedado sin alternativa. Quizás, pero lo que me parece seguro es que se está quedando sin alternativa socialdemócrata. Se hace cada vez más evidente el espacio vacío que va dejando el PSOE como izquierda verdaderamente progresista, mientras crece alrededor y en su interior una izquierda falsa, que no ha aprendido nada de la experiencia histórica del siglo XX y que, en ese sentido, por más que trate de dar la sensación de que es la quinta esencia de la izquierda, no contribuye ni practica ni teóricamente a la emancipación humana y, por tanto, no es otra cosa que históricamente reaccionaria.
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