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Las pensiones y los progres

Las pensiones y los progres

jueves 13 de diciembre de 2012, 16:26h
Efectivamente, coincido en el rechazo a la decisión gubernamental de no revalorizar las pensiones, pero no sólo por el agravio comparativo que supone, sino también porque representa un paso atrás en la posibilidad de acercar posiciones de cara al pacto de Estado que el país necesita sobre crecimiento y empleo. Es decir, también constituye un error político de enorme magnitud ¿hasta cuando el PP no va a tomar en consideración el factor comunicación y su efecto en la dinámica sociopolítica? ¿De verdad que no se podía colocar el peso de los cuatro mil millones en otro sitio? Difícil de creer.

Pero entonces el problema sigue siendo que Rajoy continua tomando decisiones políticas de jefe de  gabinete y no de hombre de Estado, de líder que sabe conducir a su país hacia los fines de los que está convencido. Claro, el problema agregado es que quizás está confiado en lo impresentable que es el discurso de la oposición. Ya se lo ha dicho claramente al PSOE: ¿así que la congelación de las pensiones no era inconstitucional y la insuficiente revalorización sí lo es? Sin palabras...

Ahora bien, aparte del discurso impropio de los que tienen tejado de vidrio, tampoco me parece presentable este discurso progre sobre el argumento económico del gobierno. He leído un artículo del economista Joaquín Estefanía del diario El País (2/12/12) que me parece la expresión más clara de este tipo de argumentación. Estefanía parte de mostrar cómo el gobierno ha incumplido los elementos principales de su programa electoral, pero luego sostiene que la causa es que Rajoy está dispuesto a cumplir con sus socios (aproximándose todo lo posible a la reducción del déficit pactado) y no con sus conciudadanos. Y en ese contexto menciona la alegría del Comisario de Asuntos Económicos de la UE, Olli Rehn, que saludó la valiente medida del Gobierno español sobre las pensiones, con el objeto de cumplir con acuerdo comunitario.

A partir de este punto, Estefanía critica duramente la política de la UE, con argumentos que muchos compartimos. Pero el problema de su discurso es la falta de coherencia, o, dicho de otra forma, la gran laguna que presenta. Porque si el Gobierno de Rajoy está haciendo una política económica restrictiva a partir de los requerimientos pactados con una UE que lleva adelante una mala política, lo lógico sería concluir la argumentación como hacen algunos izquierdistas: sostener que no hay que cumplir lo pactado con la UE. Pero no, esa conclusión no aparece en el artículo de Estefanía. El discurso progre no se atreve a tanto: decir que no hay que cumplir lo pactado con Bruselas sería poco europeísta. Con lo que su argumentación se debilita seriamente.

Claro, cabe preguntarse a que se debe esa falta de lógica. Creo que la razón se pone en evidencia si se examina su discurso en sentido inverso. Es decir, si se acepta que, más allá de lo correcta o no que sea la política de la UE, no se puede incumplir lo pactado con la UE, entonces se fortalece la posición del Gobierno cuando sostiene que está haciendo todo lo posible por cumplirla. Con lo que el discurso progre se ve seriamente comprometido.

Insisto en que este tipo de seguidismo ideológico que arrastra la cultura política española no nos conduce a ningún buen puerto. Lo siento, pero si no nos atrevemos a romper los acuerdos con la UE, entonces tenemos que examinar las políticas del Gobierno, tomando en cuenta su compromiso al respecto. Aunque entonces el asunto se torne mucho más complejo. Es decir, aunque se nos acabe de inmediato la crítica fácil y no podemos unirnos elegantemente al clamor de la calle. Pobre país, con un Gobierno autista que salva su responsabilidad, que se llena de razón, alimentado por el discurso impresentable de la oposición y la tradicional progresía carpetovetónica.
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